¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
He estado trabajando en proyectos en torno a las despedidas, al duelo, al amor, la vejez y la muerte. Uno de ellos, de largo aliento y en el que sigo trabajando, se titula La última ola. Gira en torno a mi padre, Sergio, y los últimos años de su vida. Tras el deceso inesperado de mi madre años atrás, ambos nos hicimos conscientes de la fragilidad de la vida y de que, posiblemente, el tiempo que nos quedaba juntos estaba corriendo, cerca de llegar a su fin.

Así, mi padre me permitió fotografiarlo durante sus últimos años, estableciendo una complicidad a través de la fotografía que nos unió en nuestros duelos y en nuestra inminente despedida. Mi intención es darle salida a este proyecto en la forma de un fotolibro.

Mi otro proyecto es Profundidades, sobre cuando finalmente falleció mi padre. Este trabajo parte de un sueño recurrente en el que me invadía el pánico ante un tsunami, pues sabía que no podía hacer nada por salvarme y me quedaba aceptar mi destino. Entendí que este sueño trataba de la impotencia ante la inminente pérdida de mi padre. Tras su fallecimiento, convertí esta imagen onírica en una metáfora del duelo tan profundo por el que atravesé.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
A través de estos proyectos he aprendido a encontrarme en aquello que evitamos mirar, en lo que duele o incomoda, pero que insiste en quedarse en nuestras entrañas. Aprendí a pensar el cuerpo, la memoria y los vínculos a través de los temas que han atravesado mi vida, como la pérdida, el duelo, el amor, la enfermedad y la vejez. Descubrí la potencia que radica en la fragilidad y el poder de conectar colectivamente a partir de lo íntimo.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
La emoción más fuerte que viví fue el amor a través del duelo. Descubrí que no es más que otra cara del amor y es proporcional a este. Siempre a la espera de suceder, siempre inevitable. Esta inevitabilidad me obsesionó, y es lo que intenté expresar a través de estos proyectos. Creo que el miedo, pero también la resignación, estuvieron siempre presentes. Eso me llevó a ver estos trabajos como un homenaje ante lo que irremediablemente se avecinaba.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
El poema de Manuel Gutiérrez Nájera, “Para entonces”. Mi padre me dejó atónita cuando un día me lo recitó de memoria. Trata sobre el deseo de una muerte serena y hermosa al atardecer, en el mar, antes de que la vejez y el tiempo hagan estragos. Los siguientes versos dejaron huella en mí:

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

A partir de estos versos se desprende el título La última ola y la metáfora marina que acompaña tanto a este proyecto como a mi sueño recurrente y al proyecto Profundidades.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Un aspecto difícil ha sido retomar el proyecto La última ola. Cuando murió mi padre, quedó suspendido porque el dolor me impidió continuar. Ahora, creo que lo más complejo será llevar este proyecto y el de Profundidades a un cierre. Por un lado, ambos han sido profundamente sanadores y me han hecho sentir cerca de mis seres queridos que han partido en los últimos años. Por el otro lado, es necesario ir concluyéndolos y preguntarme: ¿qué sigue? Quizás la mayor dificultad sea esa, dar paso a proyectos que se adapten a esta nueva etapa de mi vida.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
Me gusta mucho la comida asiática. Uno de mis restaurantes favoritos es el japonés Wan Wan Sakaba. Les recomiendo el Tokusei Ramen.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
El título sería Seré mi propia madre, y el soundtrack estaría a cargo de Daniel Hart.

Recomiéndanos uno o más artistas que sigas, que te inspiren, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Sigo el trabajo de artistas que parten de lo íntimo sin convertir la experiencia personal en espectáculo. Me interesa mucho la obra de Sophie Calle, por la manera en que trabaja con la pérdida, la ausencia y las relaciones afectivas desde estructuras conceptuales muy claras.

También me inspira Rania Matar, sobre todo por la relación de confianza que construye con las personas que fotografía y por su forma sensible de acercarse a la intimidad y a los vínculos familiares. Sigo con atención el trabajo de Ana Samoylova, por su aproximación a la vida cotidiana y a los espacios domésticos, y por la ambigüedad emocional que atraviesa sus imágenes. Finalmente, me interesa Christopher Anderson, tanto por su manera de trabajar, desde la cercanía, temas como el tiempo y la permanencia, así como por su interés en la vida familiar como un espacio de experiencia más que de representación.