¿En qué piezas o proyectos has estado trabajando últimamente?
Estoy trabajando en varios proyectos en este momento. Uno es un performance conformado por audios y textos que escribí en los últimos quince años. También estoy trabajando en tres proyectos de foto. Esto es para mi importante porque la primera disciplina con lo que trabajé desde el origen fue la fotografía. Mi madre me regaló mi primera cámara a los ocho años, y mi primera exposición individual de fotografía la tuve a los veinticuatro. Después de no hacer foto por ocho años—en los que estuve desarrollando la práctica de Arte Límbico— casi no hice proyectos de foto. Tiraba fotos para ilustrar el proceso pero no como disciplina principal. En este momento los tres proyectos de foto que estoy desarrollando están dándole forma a la serie Antípoda. Esta es una serie de fotos que hice entre Taiwán y Yucatán que busca resaltar mi condición de extranjero existencialista. Estas fotos se hicieron todas con película Kodak 400 TMAX con una cámara Nikon F3 T que me regaló mi madre. En paralelo estoy trabajando un proyecto en colaboración con La Periferia Film bajo la curaduría y guía de Omar Góngora y Antonio Juárez, y por último estoy trabajando en una exposición retrospectiva por los casi veinte años de que hice mi primera exposición y se podría decir que empecé a tener la intención de dedicarme a este desmadre denominado como arte y cultura.

¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras trabajabas en ello?
Con Antípoda y Asuntos Privados aprendí o más bien confirmé que cada disciplina tiene su propio lenguaje pero que pueden ser acompañadas por otras disciplinas como la fotografía con el performance, la narrativa/texto. Confirmé también que existe una importancia en conservar un archivo y revisarlo después de años de ejecutarlo. El proceso de digestión de las imágenes es importante. Verlas a través de los años y confirmar que aún te gustan, y que incluso te gustan más es una experiencia de creación superlativa. En Antípoda hay imágenes que tienen una carga emocional fuertísima, irrepetible. Me sirven también para ver cómo mi vida ha cambiado en los últimos diez años. Las personas que ya no están, y las que han llegado. Los vínculos. Procesos a los que estoy sujeto. Las colaboraciones como por ejemplo mi nexo con ERRR que justo empezó aproximadamente hace diez u once años—cuando empezaba a hacer la captura de estas fotos. Todo esto es un proceso que bien podría llamarse el camino de aprender en estos caminos decisivos y formativos en el desarrollo de prácticas de arte y series.

¿Qué palabras, ideas o emociones te rondaban la cabeza?
La idea de ser un extranjero en todas partes. Esa serie se hizo entre la península de Yucatán y Taiwán (y unas cuantas en Estado de México y Tabasco). México y Taiwán, casi antípodas geográficas, fueron lugares en los que yo viví y conforme una serie de experiencias que fueron muy importantes en mi vida. Esto se transmite en las fotos siento yo. Siempre me gusta decir que a partir de los treintas la vida se va haciendo de a deveras: ahí las experiencias se hacen más profundas; las separaciones, los amigos que parten al otro umbral, los amigos que forjan o confirman los vínculos, el amor, la pasión, los grises de la paleta que antes era solamente blanca o negra. El mirar al vacío, el entender sin entender, y quizá aproximarse a lo poético como nunca antes.

¿Hubo alguna conversación, película, música o libro que se haya colado en ese trabajo?
Muchos materiales alimentaron este trabajo. Desde la foto existencialista de Koudelka, Chang Chao-Tang, Araki, Daido Moriyama y Takuma Nakahira. En literatura Raymond Carver (What We Talk About When We Talk About Love) Haruki Murakami (Kafka by the Shore y Norwegian Wood), en la selección final Poeta Chileno de Alejandro Zambra y La más recóndita memoria de los hombres de Mbougar Sarr, el cine postmoderno de Taiwán como Yi Yi de Edward Yang y Vive l’amour de Tsai Ming-liang, en música podría decir que el sonido de Roger Eno, Jon Hopkins, Robin Guthrie, Cocteau Twins, Yo La Tengo, The Books, Haruomi Osono y Miharu Kosho (Swing Slow), Stars of the Lid, Emahoy Tsege Mariam Gebru y Balanescu Quartet.

¿Qué fue lo más difícil que has enfrentado últimamente en tu proceso creativo?
Últimamente el adaptar mi proceso y prácticas de arte a un nuevo territorio que al mismo tiempo es ya conocido para mí. Pero esto es más un reto que una dificultad. Sin embargo recuerdo en el pasado—ya muchos años atrás—tener que vender la cámara Nikon F3 T que me obsequió mi madre. En algún momento cuando comenzaba mi proceso en Taiwán tuve que vender mis cámaras, todas, para poder solventar gastos y quedarme en Asía a completar mi odisea transcultural. Esto fue bastante difícil ya que lo material tenía una carga muy fuerte emocional. Todo salió bien al final. Pero ese desprendimiento fue muy difícil, no lo puedo negar. También algunos momentos de nostalgia y melancolía profunda viviendo en Taiwán también. Hubo un momento en el que no conocía a mucha gente, no tenía amigos y fueron momentos complejos. Afortunadamente esto no aminoró mi proceso creativo. Pero sí fue un lugar donde las cosas se veían con poca claridad y había muy poco espacio de diálogo nutritivo y de amistad.

¿Cuál es tu restaurante favorito y qué nos recomiendas pedir?
En Taiwán, una cabaña al pie de la montaña donde vivía en el parque nacional de Yangmingshan. Un trozo de puerco reposado en soya, jengibre y otras especies. Con un tempura frito de taro en aceite compartido con el tofu añejado, y verduras recogidas el mismo día en la montaña. Un plato simple, directo y exquisito. Era mi manjar de los domingos. El lugar se llama “La menor de las tres hermanas”.
En mi casa, yo hago la mejor pita de arrachera del mundo. Con un yogurt con pepino que compro de un legendario señor Libanés de Mérida, y una carne de un rancho del municipio de Tizimín.
Los tamales de los 4 hermanos, no es un restaurante pero hacen el mejor Mucpibpollo—tamal enterrado y crujiente de tres carnes—de Yucatán, por lo tanto del mundo.
En Mérida, Yucatán también: El Manjar Blanco. El Queso Relleno es un poema que te lleva a otro paralelo del universo. Un verdadero poema de una mezcla loquisima y existencialista que solamente a un yucateco se le podría ocurrir: queso holandés, con Kol, tomate, tortillas de maíz y carne de puerco con pasas y aceitunas. Cubiertos de tortillas a mano…. Imposible de describir, hay que venir a Yucatán a probarlo.

Si este mes tu vida fuera una película, ¿qué título tendría y quién haría el soundtrack?
Yo en vez de un mes diría temporada. Definitivamente serían varios los que confirman el soundtrack pero por mencionar algunos diría que Jordi Savall, Underworld, David Silvyan, Laurie Anderson, The Durutti Column, Charlie Megira, Masakatsu Takagi y Abel Ibáñez. Para una mejor aproximación esta es una playlist muy de mi presente.

Recomiéndanos algún artista que sigas, que te inspire, y dinos qué es lo que más te gusta de su trabajo o de su forma de trabajar.
Es difícil porque tengo muchos. Y varios de ellos son muy amigos queridos que respeto y quiero muchísimo. Pero en esta ocasión mencionaré a Lolo y Sosaku. Llevo siguiéndoles hace ya varios años. Lolo y yo somos amigos epistolares. Ellos son un dúo que combina pintura, performance, multimedia y sonido. Llevan el proyecto que desarrollan hasta la última de las consecuencias. Hacen mini robots que pintan y desmadran cosas al mismo tiempo. Hacen conciertos en lugares muy distintos entre sí y verdaderamente sudan la camiseta. Me encanta su autenticidad y entrega. Les admiro muchísimo. Me encantaría coincidir con ellos en algún proyecto en el futuro.
Artista multidisciplinario mexicano que explora la psicología y los fenómenos sociales a través del performance, la pintura, la fotografía y el texto.
