Pobre de ti

En este silencio introspectivo que me acompaña en el regreso, entre México y cualquier lugar, rodeada de nuevas voces, nuevas letras y el rumor constante del vuelo, sigo recogiendo todo lo vivido al otro lado del charco. 

Hay cosas que solamente se comprenden al volver. Elevarse no siempre es sinónimo de libertad. Las alturas cobran sentido cuando se mantiene la humildad de mirar de nuevo hacia la tierra. 

En este pensamiento constante apareció “pobre de ti”. No sé si envuelto en compasión, en advertencia o incluso reproche. 

¿Cómo es el camino de vuelta? ¿Cómo se aprende a dejar de alzar el vuelo? 

Hay cosas que caen por su propio peso. La traición duele, el cuerpo se encierra en sí mismo, y una solo puede pedir piedad.

Por eso siempre pienso que las canciones están para darnos un lugar. Hay emociones que conviven dispersas dentro de mí, hasta que encuentro la forma de sostenerlas con una melodía. La palabra cantada siempre me ayuda a nombrar todo aquello que duele,  a comprender sin necesidad de encontrar respuestas y a aceptar que el olvido nunca fue el destino, sino la calma.