La excepción

Photography by Louis Larkin

Se han callado los pájaros y me siento en sí de tu abrazo, convirtiendo las penumbras en un sordo murmullo. Mi alma cantaba el alba favorita de los dioses.

¿El temor es inmovilidad o movimiento?

Mientras un canal de peces se abría a nosotras, se nos abrieron los ojos.

Distingo que hoy las olas predominan más que ayer.

El tiempo dejó de correr. No corría. No había tiempo.

Una especie de crepúsculo rosado me iluminó.

—No todo siempre es lineal —te repetía, con la calma y el viento pegándonos en la cara.

El sueño de anoche.

El mar es un erotismo desconocido.

Un erotismo que se aprende.

Estas pequeñas voces atadas, desafiándose en la arena, transpiraban oxígeno y misterio.

Había aprendido a meterme al mar con euforia.

Pensé que era la única forma de acceder profundo y sin miedo.

Las olas rozan el límite un instante, resbalan hacia el abismo y retroceden.

Miro mi reflejo y me deseo, te deseo.

Nadie puede culparnos, teníamos derecho a la ingenuidad, a desorientarnos con tanta marea. A ser anónimas, transparentes, heridas.

A menudo acudía a la memoria de mis amantes. Flashbacks, flashbacks, flashbacks.

Se interrumpían con cada ola que caía en la arena. Este era mi lenguaje, mi acto egoísta. Mi forma de plasmar los recuerdos como yo quería.

Hoy quisiera que el mar me despida con un beso en la boca.

A veces cualquier beso me era insuficiente.