Temporada de peras

¿Cómo nació la idea de este libro?
No fue una idea que tuve a priori, fue algo que empezó a ocurrir. Me fui a vivir al rancho de la abuela de una amiga. Éramos cinco personas y más de veinte animales. Era temporada seca. El poemario fue apareciendo en el día a día de la convivencia, a partir de las notas que tomaba en mi cuaderno, notas breves que no tenían otra intención que registrar mi vida cotidiana, pero que se fueron transformando en poemas porque las imágenes insistían.

¿Qué descubriste en el proceso de escribirlo que no imaginabas al inicio?
El universo del poemario terminó ampliándose más de lo que pensaba, en el sentido de que las anotaciones desde el rancho empezaron a dar lugar a otros poemas sobre mi abuela y mi madre o sobre el mar Mediterráneo. Como si el estado de presencia en el que me sentía hubiera abierto ciertas fisuras por las que empezaron a entrar los recuerdos.

¿Qué partes tuvieron que quedarse fuera para que el libro quedara como está?
Hubo varios poemas que terminaron quedándose fuera porque no estaban listos, se habían quedado muy pegados al registro inicial, no habían evolucionado. Me di cuenta de que estaban ahí por un apego personal más que porque fueran parte del viaje del libro.

¿Qué conversaciones, lecturas, imágenes o sonidos se cruzaron en la escritura de este libro?
Recuerdo vagamente que en esa época leí a poetas como María Gómez Lara o narradoras como Tununa Mercado, pero lo que más me afectó fueron las conversaciones con las personas con las que conviví y los gestos de los animales: sobre todo de uno, el perro Pãngo, mi gran compañero de paseos. 

Si pienso en un sonido, es el del viento previo a la helada o el del balido de las ovejas por la mañana. Si pienso en una imagen, la cumbre del Popocatépetl a lo lejos. 

¿Hay una emoción o pregunta que lo atraviese de principio a fin?
Una gratitud enorme.

¿Hubo un momento en el que sentiste que el libro cambió de rumbo?
Fueron cambios pequeños a lo largo de los años. Se terminó publicando tres años después de lo previsto porque cambió de editorial y hubo otros imprevistos: esto hizo que lo releyera y lo corrigiera varias veces, pero nunca fue un cambio de rumbo abrupto.

¿Cómo cambió tu manera de leer o de mirar después de terminarlo?
Supongo que me relajé un poco, como si el corazón pesara menos.

¿Qué autorxs te inspiran últimamente y qué encuentras en su forma de escribir?
Por trabajo leo todos los días y muy intensamente, así que me nace más pensar qué lecturas siguen conmigo a pesar del tiempo y por qué. Una de ellas es Susana Villalba. Leerla siempre me recuerda qué es para mí la poesía: una manera de crear relaciones inusitadas entre el lenguaje y la realidad. 

Retrato por Joel Heim