Marcha hacia la muerte.
Dedicándose a la gestación
de una nueva vida.
Embarazo imaginario.
En secreto, se abandona en un sillón
y, olvidada de nosotros, se sonríe a sí misma.
Mira al trasluz,
con el júbilo callado
con que los niños descubren
las maravillas de la tierra.
Dios de adolescencia.
Luz de victoria.
No se permite perder del todo la conciencia:
temor no confesado,
sentido en la vigilia eterna del arrepentimiento.
Otra vez, viento sin destino.
Se queda hueca
y se deja llenar
del paisaje aniquilado.
Centra algo.
Elija y gane.
Reposo momentáneo.
El gris extiende su tiempo sin esperanza.
Ayer y mañana fueron, y serán, lo mismo.
Lluvia y frío
se llevaban todo:
la voz,
el calor,
la alegría.
La soledad entra por la alta ventana,
helada, húmeda,
la única
en la orilla deshabitada del mundo.
Resulta inútil ensayar palabras,
tener recuerdos.
Viento y lluvia
siguen,
y seguirán,
hasta borrar los rastros.

Nació en Los Mochis pero creció en la Ciudad de México. Es abogada de profesión y como escritora, ha publicado artículos, ensayos y poesía en diversos medios. Le encantan las películas de Almodóvar, la música electrónica, los pasteles verdes, los poemas, la lluvia y que haga frío.
