¿Qué has estado escribiendo últimamente?
Últimamente he estado escribiendo desde lo íntimo como territorio político: el deseo, el abandono, la espera, la rareza, la locura que nace del amor que no cabe en ninguna lógica. Mis textos parecen poemas camuflados de confesión, cartas dirigidas a un tú que podría ser cualquiera. Son espejos, rituales breves, exorcismos suaves. Y a veces, solo a veces, son oraciones para que la ternura no se extinga. Estoy escribiendo poesía que no siempre parece poesía, y también fragmentos narrativos que son como cristales rotos que uno se atreve a tocar con la punta de los dedo; como lo fue mi reciente premio de relatos cortos contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia “Donde no llegan los Trenes”.
¿Qué aprendiste (o desaprendiste) mientras escribías?
Desaprendí la obediencia del lenguaje. Aprendí que la palabra “voz” puede ser también una cicatriz. Aprendí que la ternura no es debilidad, que la rabia no es vulgar y que todo lo que escribo tiene el mismo color de lo que duele y me hace libre. Escribir, para mí, ha sido un gesto de resistencia emocional.
¿Hubo alguna conversación, película, canción o libro que se haya colado en tu escritura?
Sí. Se coló profundamente la música de Silvia Pérez Cruz específicamente la versión de Gallo Rojo, Gallo Negro en su álbum Vestida de Nit como plegarias nacidas de la tierra. Se colaron los silencios después de algunas conversaciones que no debieron terminar, pero también una canción de cuna mal cantada, una esquina de La Habana, un grito que escuché sin entender de dónde venía. Y, a veces, mi propio cuerpo queriendo hablar.
¿Qué palabras, ritmos o temas se repitieron en tu escritura?
Palabras como: “cuerpo”, “fuga”, “nombre”, “vergüenza”, “rezo”, “silencio”, “desobediencia”, “herida”, “camino”. El ritmo es más visceral que musical. Escribo como quien corre descalzo: rápido, con cuidado, sabiendo que puede cortarse. Los temas que me habitan son los de siempre: la disidencia, la infancia, la memoria, la injusticia, el amor sin traducción, el deseo como frontera sagrada, la diversidad y el amor.
¿Qué autorxs te inspiraron y qué te interesó de su forma de escribir?
Pedro Lemebel, por la ferocidad delicada con que tejía lo íntimo y lo político. Ocean Vuong, porque convierte la herida en jardín. Sylvia Plath, por su forma de arder. Gabriela Wiener, por escribir desde la entraña. Me interesa quien escribe como quien baila con los ojos vendados: con entrega, con peligro y con cuidado.

Poeta y narrador cubano. Su obra emerge desde la disidencia, el cuerpo y la memoria, como un acto de resistencia íntima y colectiva.
