
¿Cómo nació Estudio Plumbago y qué inquietud los llevó a conectar el arte y el diseño con la defensa de los derechos humanos?
Eréndira Derbez and Alfonso Flores trabajaron un par de años en el periodismo independiente. Ahí se dieron cuenta de que periodistas, activistas y personas defensoras de derechos humanos necesitaban nuevas formas de comunicar su trabajo, sus temas, sus retos y, sobre todo, sus investigaciones, para llegar a nuevas audiencias. Con esa idea crearon un pequeño proyecto que ofrecía materiales de divulgación como infografías, ilustraciones, carteles y piezas de diseño, y que más tarde se convertiría en Estudio Plumbago.
Con la incorporación de la artista visual Martha Muñoz Aristizabal y a partir del trabajo que venía desarrollando con colectivas y organizaciones que realizaban acciones de incidencia en el espacio público, surgió la voluntad de impulsar procesos interdisciplinarios capaces de generar un mayor impacto social y mediático y llegar así a públicos más amplios. A partir de esto, el estudio comenzó a desarrollar una estrategia orientada a comprender y aproximarse a las distintas causas desde una perspectiva más cercana, construida en diálogo con las personas afectadas, las víctimas y quienes defienden los derechos humanos.
Así, nuestro trabajo ha evolucionado hacia el acompañamiento de colectivos y comunidades que enfrentan situaciones de injusticia. Es a través de estos procesos de colaboración y escucha que mantenemos un vínculo cercano con las luchas por la defensa y la promoción de los derechos humanos.

¿Qué es la Bienal Insurrecta México y qué les gustaría que sucediera a partir de esta primera edición?
La Bienal Insurrecta México es un proyecto de Estudio Plumbago, en colaboración con Open Society Foundations, que financia, coproduce y acompaña proyectos de arte y diseño con enfoque social. Nuestro objetivo es fortalecer la cultura democrática en México y tejer alianzas entre el arte, el diseño y los procesos colectivos y comunitarios.
Nuestra aportación va más allá de los recursos económicos. Ofrecemos acompañamiento metodológico y la experiencia que hemos construido en procesos junto a comunidades y sus territorios. Con esta primera edición buscamos que surja una red de personas y proyectos que se reconozcan entre sí, fortalezcan la divulgación y la denuncia de las problemáticas sociales que les afectan y demuestren que el arte y el diseño son herramientas poderosas para la transformación social.

¿Qué posibilidades aparecen cuando el arte, el diseño y las comunidades se encuentran para responder a problemas sociales?
El arte nos ofrece nuevos lenguajes para nombrar los problemas y nos ayuda a comprender el mundo en que vivimos por medio de nuestro mundo interior. Aporta sensibilidad, resonancia social, ingenio y capacidad de convocatoria. El diseño da forma, claridad y síntesis, y ofrece herramientas para que las ideas circulen y se multipliquen. Las comunidades aportan el conocimiento del territorio, la memoria y sus testimonios de un sistema desigual que las violenta de diversas maneras. Cuando los tres se encuentran en condiciones de participación colectiva, los problemas pueden contenerse, discutirse y transformarse.

La convocatoria contempla tres categorías: RESONAR, PUENTE y ARTE-FACTO. ¿Qué distingue a cada una y qué tipo de procesos esperan impulsar a través de ellas?
RESONAR está dirigida a colectivos o personas con un proyecto ya consolidado. Buscamos amplificarlo mediante financiamiento directo y un acompañamiento que respete lo que ya existe.
PUENTE está dirigida a estudios o equipos con trayectoria y capital social, pero sin vínculo con comunidades. Los acercamos a una comunidad, los formamos en metodología y les pedimos que presenten el resultado en un espacio de alta visibilidad, como una feria de arte, una galería o el espacio público.
ARTE-FACTO es una coproducción entre Estudio Plumbago y una comunidad seleccionada, con la que trabajaremos de principio a fin.
Las tres categorías pasan por la misma convocatoria abierta y por el mismo comité de selección.

¿Qué experiencias, proyectos o aprendizajes les hicieron ver la necesidad de crear una plataforma como esta?
A lo largo de nuestro trabajo con comunidades, personas defensoras de derechos humanos y activistas, identificamos que uno de los principales retos para que el arte y el diseño funcionen como catalizadores de la denuncia social es el acceso a recursos. No solo económicos y materiales, sino también sociales: estas producciones suelen requerir espacios, contactos y visibilidad. Por eso nos preguntamos si tender puentes entre comunidades, artistas y diseñadores podría ampliar ese acceso, llegar a nuevos públicos e involucrar a más personas para abrir otras vías de transformación social.

¿Cómo imaginan una colaboración ideal entre artistas, diseñadores y comunidades organizadas? ¿Qué tendría que suceder para que fuera un proceso verdaderamente compartido?
Creemos que toda colaboración empieza por escuchar. Un proceso verdaderamente compartido exige que la comunidad participe en las decisiones desde el inicio para evitar procesos de explotación de recursos, como sus historias y emociones, y no solo en la ejecución; que los acuerdos sobre su participación e historias queden claros antes de comenzar; que los recursos se repartan con transparencia, y que quienes llegan de fuera acepten que el proyecto puede cambiar de rumbo según lo que la comunidad decida. Lo mismo buscamos dentro de los equipos de trabajo: construir acuerdos a partir de la escucha, la empatía y la organización.

La convocatoria está dirigida a perfiles y colectivos muy diversos. ¿Qué le dirían a alguien que tiene una idea de incidencia cultural o social, pero no sabe si su proyecto tiene cabida en la Bienal?
¡Que postule! Desde el estudio creemos que estamos en un momento de muchos cambios y problemáticas sociales, por lo que hay mucho por visibilizar y cambiar. Si su idea parte de un problema real, busca trabajar con una comunidad o un territorio concreto y fortalece la vida y la organización colectiva, seguramente tiene cabida. Las tres categorías existen justo para que cada perfil encuentre su lugar: un colectivo con años de trabajo, un estudio sin vínculo comunitario o una comunidad con una idea, pero sin los medios para realizarla.
Le recomendamos leer la convocatoria y participar:
Convocatoria: bienalinsurrecta.com
Fecha de cierre: pendiente de confirmar.

¿Qué significa para ustedes reconstruir el tejido social desde las prácticas artísticas y culturales? ¿Hay algún proyecto o experiencia que haya transformado su manera de entenderlo?
Desde el estudio hemos acompañado diferentes luchas, desde colectivos de búsqueda hasta defensores del territorio, y acompañarlos transformó nuestra manera de entender el activismo. Ahí aprendimos que los procesos nunca son lineales, que el «purismo ideológico» no existe, que las incongruencias hay que aprender a abrazarlas y que el arte y la escucha son vehículos sumamente poderosos para sanar y reconstruir el tejido social.
Gracias a estos procesos hemos aprendido a resignificar los espacios a los que convocamos, fortaleciendo dinámicas en las que lo principal sean sus historias y la participación común, justo aquello que la violencia y el miedo han ido erosionando.
Creemos en el arte y el diseño como dispositivos capaces de crear recursos simbólicos que apelen a las emociones como catalizadores que nos movilicen y nos mantengan vivos. Con la capacidad de sentir, de empatizar y de reunirnos para transformar.

Si pudieran reunir a personas de distintas disciplinas y comunidades para imaginar una intervención colectiva, ¿a quiénes invitarían y qué les gustaría hacer juntos?
Invitaríamos a víctimas directas de los crímenes del Estado, personas defensoras de derechos humanos, colectivos y comunidades que viven una problemática social concreta, y personas dedicadas a las artes visuales, el diseño, la música, el cine o la literatura. La idea sería tejer puentes para, primero, escucharnos, reconocer lo que cada quien puede aportar y tomar acuerdos, y después crear algo en conjunto desde la incomodidad, la inquietud, la curiosidad y el placer estético.
Sería una acción de gran formato en el espacio público con el fin de incidir de manera directa y activa en la vida diaria de las personas. Buscaríamos impactar las emociones de quienes la reciban, para que esto sea un catalizador del que surja algo más que una pieza: personas que se conozcan, compartan saberes, aprendan los oficios de las demás y sigan colaborando para continuar incidiendo.

¿Qué les gustaría que permaneciera en las comunidades o territorios participantes una vez que los proyectos de la Bienal hayan concluido?
Nos gustaría ser realmente capaces de inventar nuevas formas creativas y estéticas de incidencia por medio del arte y el diseño que no se limiten únicamente al registro de un evento. Imaginamos comunidades con más herramientas para movilizarse cuando lo necesiten, contar sus propias historias y acceder a recursos y espacios. Al mismo tiempo, nos interesa que se fortalezcan y crezcan relaciones duraderas con artistas y diseñadores que hayan aprendido a trabajar junto a ellas.
Idealmente, la Bienal se convertiría en una especie de escuela que discuta el marco en el que se instaura el mundo del arte y el diseño para transformarlo en un modelo de aprendizaje colectivo: un espacio que produzca conocimiento, cuestione procesos y sistemas, y mantenga una mirada crítica orientada a la transformación social.

Estudio Plumbago
Hacemos diseño y arte con incidencia social con, para y desde las comunidades. Nos enfocamos en la denuncia, la memoria y la promoción de los DDHH.
instagram.com/estudioplumbago