Espíritu santo

Hoy le pegué a una paloma con una lata de refresco.
Eructé en voz alta en la cafetería del Cubo.
Le dije a alguien: “Espero algún día decepcionarte”.
Toqué Ukulele mal.
Le vi el culo a una chava bien bonita.
Ella se dio cuenta y me sonrió.
Hoy no intenté convencer a nadie de nada.
Como siempre.
Y ayudé a más de ocho personas en menos de dos horas.
Y sentí que hice mucho.
Resolver pedos.
Hacer llamadas.
Decidir rápido y seguro.
Como si fuera un gran ejecutivo.
Pero no lo soy.
Soy un gran pendejo.
Pero nadie paga por eso.
Hoy les dije a cuatro chavas “que se pudran en el
infierno” porque no
me hicieron caso para ir de misiones.
Pero conseguí 26 interesados.
Hoy le cancelé a mi psicóloga.
Pero lo más importante es que le pegué a una paloma en
el pecho con una lata de aluminio,
porque ya no me importa nada, porque ya no creo en el
amor.
Amén.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

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Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.