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Regresaba a casa por la madrugada después de la fiesta de Lalo, gracias a unas líneas de coca me pude recuperar lo suficiente para irme caminando y no en Uber (estrategia de ahorro).

-Suena mi celular- es un mensaje de Oliver, me pregunta que si ya estoy en casa y que sí nos veremos por la tarde para ir a ver la película de estreno.

«Puta madre, no sé cuántas veces le tengo que decir a este wey que me gusta la cocaína y que no terminé la universidad para que se aleje de mi». Pienso para mis adentros.

-Ando bien fiesta, apenas voy a casa, pero la voy a seguir ¿Lo dejamos para el próximo fin?- Le respondo mientras trato de recordar si me quedan tortillas para hacerme una quesadilla cuando llegue al depa.

Enseguida recuerdo que mi última tortilla se la comió Damián para hacerse un taco con chorizo de soya, pinche vato, no sé cómo es que le sigo hablando si siempre se acaba mi comida y mis drogas. Es un puto atascado.

Después de algunos minutos renegando sobre eso, tomé mi celular y le llamé a mi dealer de confianza para que me vendiera un par de gramos más, acordamos la entrega en el lugar de siempre: Los columpios del parque que queda a dos cuadras del edificio donde vivo.

Me gustan un chingo los columpios, mi próxima casa tendrá uno.

En fin, ya eran las 5:30 AM o algo así y el pendejo de Oliver comenzó a llamarme por teléfono, decía que estaba preocupado por mí y se ofreció a recogerme y llevarme a casa para que llegara a salvo. Pero yo solo quería comprar coca, así que le dije que me encontraba bien y que después le llamaba.

Él sonaba muy preocupado pero no le tomé importancia. Creo que por eso nadie me soporta por mucho tiempo, nunca me importan los sentimientos de otros por encima de los míos y no, no me voy a disculpar por eso.

Tal vez en algún momento Oliver lo entienda y deje de insistir con que «él y yo seríamos una buena pareja». Yo no soy buena para nadie.

Dejando de lado todo este sentimentalismo barato, les informo que efectivamente no me quedan tortillas ni queso, pero ya no me preocupo porque tengo coca y si tengo coca lo tengo todo.

-Septiembre 2018, bitácora de una adicta.

Fotografía por Esben Bog-Jensen