Una ventana al pasado

Mi vecina Mari Carmen es sinónimo del esfuerzo mexicano: madruga todos los días para recorrer las calles y vender verdura. Cuando pasa por Tlatelolco se detiene a llorar, es como abrirle una ventana al pasado y revivir 1968. La matanza estudiantil le arrebató al primer amor.

Ayer un dron nos espió por la ventana y efectivamente, era el mismo que Mari Carmen le había comprado con tantos esfuerzos a su chiqueado nieto.

Ella me recuerda a Caden Cotard en Synecdoche, New York donde las calles son un laberinto por el que navega inmerso en soledad a pesar de estar rodeado de gente. Me gustaría que Charlie Kaufman la conociera en esta vida.

Mañana será otro día. Mari Carmen saldrá otra vez con su carretilla adornada de rábanos y setenta y dos años de tristeza.

Fotografía por DIADA

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