Una mala anécdota.

Di un golpe en la ventana, y mi cabeza quedo aturdida del cansancio de mi vida monótona.
Estos días algo cambió, pues ya no existe una vida normal ni hay definición de ser perfecta, y para mi mala suerte el golpe de aquella vez en mi ventana me hizo mirar hacia atrás pensando en porque la vida se esfuma, los hábitos cambian, o simplemente las personas eligen ser un recuerdo.

Y sin tener piezas de cordura todo se encerró a una sola respuesta “yo”. Así que, con todas esas cargas emocionales, dudé de mi ritmo y tan solo escapé.
Siempre tuve una vida donde creía que si todo se encontraba en su lugar sería feliz, pero tarde percibí que solo soy un enemigo publico; uno más, que siente, ama y aspira. Un pobre soñador.
Y ese rufián dejo de escribir para poder escapar, afrontando el destino que me tocaba. Le he preguntado más de una vez…

– ¿Esta vida era la que siempre soñaste?
Respondí:
– No, pero es la que tú me diste.

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