Travesía

6 junio, 2020

Es un viaje de 349 km para poder vernos, y lo aceptó con entusiasmo, tenemos una bitácora lista, y todo semi planeado ya que el ser espontáneos es una manera de disfrutar más nuestros momentos,  para que sea un día perfecto, una vez estando en la estación de autobuses esperé su llegada, llevé un ramo de girasoles y traía puesta una playera color blanca, pantalones negros y mis tenis súper sucios, en mi mochila todo lo necesario para nuestro recorrido, nuestro objetivo: La playa.

Al verla, la abracé tan fuerte, sus manos se sentían tan cálidas y suaves, y el tono de su voz entrecortado, con ganas de llorar de la felicidad, habían sido muchos días sin vernos, nuestras ausencias se sentían, y nuestra emoción al vernos al fin, fue una experiencia indescriptible. Su aroma, tan puro y reconocible, su esencia que me quedó pegada desde el primer día en que nos dimos nuestro primer beso.

¿A dónde vamos ahora?, tomó el ramo de girasoles sonriendo, tomé su mochila color negra, (demasiado revuelta por cierto y a medio cerrar), y tomé su mano, y caminamos hasta tomar el camión que nos llevará a nuestra primera parada, curiosamente el pasaje no se había elevado (como siempre ocurre cada verano), nos sentamos hasta el fondo y miramos el paisaje, me preguntó, ¿Falta mucho?, le contesté que no, mientras ella sentía el sudor de mis manos.

Saqué de mi mochila mis audífonos, y puse la playlist que tenía preparada para el viaje, con 20 minutos de duración, los precisos para llegar y no aburrirnos, la primera canción en la lista: «Un rayo de luz», nos besamos, mientras ya comenzábamos a ver las desviaciones de la carretera, una desviación para el aeropuerto y otra para el centro de la ciudad, las canciones seguían sonando, mientras me platicaba lo cansado que fue su viaje, que casi perdía el autobús y que se le había olvidado meter su bloqueador, unos minutos más y vimos el cartel, «Bienvenidos a Coatzacoalcos», ella me dijo: «Al fin conoceré», asentí con la cabeza y le dije: «Prepárate»

«Pasajeros  con destino a Coatzacoalcos, servidos, muchas gracias por viajar con nosotros»

Bajamos emocionados del camión y fuimos a comprar dos botes de agua y unas papas, para ir comiendo, ya que faltaba tomar un taxi, esos taxis afuera de la terminal no me daban buena espina, así que salimos hasta tomar los locales, rápidamente uno nos pitó y nos subimos: le abrí la puerta y dijo ella emocionada: «Al malecón, por favor»

La radio del taxi con la estación popular, sonaban las cumbias y ella no paraba de bailar, ella tan hermosa, solo veía como el aire movía su cabello.

Felizmente llegamos al malecón, caminamos hasta entrar a la playa, corrimos de la mano, ni siquiera nos dimos cuenta donde dejamos las mochilas, solo queríamos divertirnos y disfrutar de la tarde, ya eran las 3 en punto, el sol a todo lo que da, y decidimos meternos, vaya idea la mía de cargarla (porque a ella no le gusta tanto), pero la cargué, y la besé tan fuerte, que hasta mordió mis labios, es increíble como una persona te hace sentir tan bien, es increíble como nada importa si esta a tu lado.

Nuestros pies estaban calientes, nuevamente ser espontáneos cobra resultados, demoramos en encontrar las mochilas, ella solo quería correr, sentarse y relajarse y contemplar los barcos, las personas, el sonido del mar.

Caminamos hasta el paseo de las escolleras, decidí que sería una buena idea que ella se adelantará un poco, para poder fotografiarla, tomé 20 fotos, todas increíbles, ella luce fantástica, esa sonrisa en su rostro, totalmente inolvidable, el faro nos esperaba, y una pareja de adultos mayores nos sacó fotografías en distintas poses, pero sin duda la que mas amé, fue donde tomé su cintura, y ella de mis hombros y nos besamos, una gran fotografía que decidí mandarla a revelar y enmarcar.

Compramos comida, curiosamente siendo las 5 de la tarde un señor que vende elotes y esquites se nos acercó, y nos recomendó irnos hasta el último extremo del malecón, ¡Vaya idea!, toda la tarde caminando, y recorriendo, de su mano, charlando cosas a futuro, riendo, hasta que por mi mente me vino esta frase:

«Contigo los días no son extraños, contigo siempre»

Y estaba listo, el atardecer más hermoso que jamás hayamos visto, ella contenta sacó su teléfono y se dispuso a capturarlo, me dijo:

«Gracias por cuidarme como un jardín»

¿Qué te parece si nos quedamos hasta que el último camión salga?, es una excelente idea, vamos, te llevaré a la pirámide.

Ese día fue el indicado, había música en vivo, y obviamente decidimos bailar, primera pieza, segunda pieza, 9 piezas y ella tan feliz, verla así me hizo sentir que definitivamente ella es lo que amaré toda mi vida, sin importar nada.

Estoy algo cansada, ¿Ya nos vamos?, tomamos un taxi de vuelta a la terminal, el último camión salía las 12, no importó en lo absoluto, subimos, nos sentamos hasta atrás, no había nadie, yo lloré, lloré demasiado porque fue el día más inaudito de mi vida, me dijo: «No llores, tendremos más días así, te agradezco por traerme»

Ella se durmió en mi hombro, el camión llevaba aire acondicionado, y me abrazó, fue un abrazo de paz, un abrazo de que todo estará bien, besé su frente y no sé si me escuchó, pero le dije:

«Este es el comienzo de algo más que maravilloso, te llevo en mi alma».

Para zhu.

Fotografía por Richard P J Lambert

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