Tiempo después del fin del mundo

Frio, tenía mucho frio. Más que frio, sentía humedad. Comenzó a tantear con la palma alrededor suyo, al menos hasta donde sus brazos le permitían. Áspero, suave, áspero de nuevo, bordes, subidas y bajadas. Tomó una de esas cosas que había a su alrededor, la acercó a su rostro, el olor a tierra mojada lo inundó, una piedra. ¿Por qué había algunas suaves? ¿Acaso su sentido del tacto comenzaba a fallar? Imposible, era el sentido que mejor había desarrollado después del accidente.

—Veo que ya has despertado.

Esa voz que una vez fue su favorita, la voz dulce que muchas veces lo acompañó por las noches, y por las mañanas cálidas de primavera donde lo único que le importaba era amar y ser amado.

—¿Qué quieres, Elisa? —preguntó con rudeza.

—Quiero que me entregues todo lo que tengas sobre la investigación R230.

—Sabes que todo se destruyó en la explosión que me costó la vista.

—No te creo, sé que tenías todo respaldado, sé que hay más, sé que no fingiste amarme por nada.

—¡Pero yo si te amaba! —gritó—. Además, esa investigación sólo fue una pérdida de tiempo, no iba a solucionar nada.

—Sólo dime dónde está todo y te dejaré seguir con tu vida.

—No tengo nada y si lo tuviera nunca te dejaría encontrarlo —hizo una pausa— no dejaré que te pongas en riesgo por una falsa esperanza a la humanidad.

—Haré lo que me parezca correcto, así que no me dejas otra opción que hacerlo a la fuerza.

Mike sintió un golpe fuerte en la cabeza, y después perdió el conocimiento.

Empezó a soñar, a soñar con el pasado, con ese recuerdo de cuando todo estaba bien. Cuando no había razón para hacer experimentos apresurados tratando de salvar a lo que quedaba del mundo.

Recordó esa última tarde en el jardín de su casa, el sol calentándole la piel, el pasto verde bajo sus pies, y a lo lejos Hong Kong, una banda que estaba de moda en ese entonces. Eso antes de la destrucción, del fin de todo, y de todos.

Y entonces, prefirió quedarse ahí, soñando con la vida que ya no tendría, con los colores que ya no vería y con la paz que un día tuvo.

 

Fotografía por Coastal Driver

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