Te deje de querer y no me había dado cuenta.

 

Reconocí esa sensación en mi cuerpo, hastío, falta de amor, carencia, me sentía desarmada y a la vez me invadía un poco de repugnancia por mi persona. 

La escena era una réplica de mi vida,  lo había vivido antes. Recuerdo bien, he estado en este mismo lugar, es una constante que me atormenta, una especie de loop infinito, se repite una y otra vez, una especie de castigo o lamento.

Lo acepto, ha ocurrido una vez más, pero mi pesar y angustia  crece, me pregunto, cómo volví a llegar al mismo punto. 

Mi cuerpo desnudo, mi alma desnuda, en posición opuesta al cuerpo que yace a mi lado, nos damos la espalda y procuramos estar lo más alejados que se pueda, estoy hecha bolita, en posición fetal, tratando de recobrar un poco de seguridad. 

No me atrevo a mirar atrás, no tengo fuerza de verlo, no quiero su piel, sólo sé que la distancia y silencio deben significar algo, no quiero estar ahí, no deseo esa vida, y aun así estoy aquí, no sé cómo irme.

No tengo fuerzas ni para marcharme ni para quedarme, no puedo huir, permanezco, inmóvil, es de madrugada y estoy en un cuarto de hotel deseando no estar ahí.

Fue afortunado que la habitación tuviera dos camas matrimoniales. Al llegar dije de broma — que cada quién duerma en la suya. 

Los finales no son sorpresa, tu sabes cuando sucede, recuerdas exactamente cuál fue el elemento que te hizo reconocerlo, esta noche lo tuve,  cuando me cambié de cama y supe que ya no quería permanecer en el mismo espacio.  

Miento, lo supe antes, me di cuenta mientras dormíamos juntos y nos dábamos la espalda, esta vez, ninguno se había acercado al otro para conciliar, aunque nosotros siguiéramos mintiendonos nuestros cuerpos eran un poco más honestos, ya no nos necesitábamos ni nos deseábamos, habíamos dejado de querernos. 

Unos minutos antes habíamos tenido sexo por compromiso, por costumbre, mas bien por cobarde.

Yo no me atrevía a decirte que ya no disfrutaba de la intimidad a tu lado, me penetrabas y no sentía nada. 

De las cosas más tristes de la vida es estar follando con alguien y pensar en alguien más, por supuesto en el acto había placer, lo que había desaparecido, era  el amor, la magia, la dulzura de estar juntos, no eras capaz de darte cuenta que me costaba muchísimo lubricar, que era difícil al inicio, y no notabas la distancia. 

Mi cuerpo te acogía en su interior, yo guardada con protección y arropo tu pene erecto, lo apretaba en mi interior esperando que te corrieras en mi. Aun así, tan cerca, yo estaba a kilómetros de ti.

Tenías un mal viaje porque saliste a fumar un porro, no parabas de hablar, no parabas de contarme cosas y cuando insinuaste hablar de nuestra situación, o sobre nuestra retorcida relación, comenzaste a transpirar y a entrar en un ataque de ansiedad.

Esta vez no deseaba que te sintieras mejor, no deseaba consolarte e intentar comprenderte. Mi cerebro no paraba de preguntarse qué hacía ahí, por cierto habías dicho algo que no dejaba de darme vueltas en la cabeza, me atrevería a jurar que no recuerdas lo que dijiste.  

Fue después de eso, sintiendo tu sudor, tu viaje, que desee que nunca más me tocaras, por primera vez quise alejarme de ti, abandonarte. 

Yo lo sabía, en algún punto iba a suceder, cuando yo dejara de querer tocarte, o cuando dejara de querer dormir a tu lado sería en fin, esa sensación venía creciendo en mi interior, pero hasta noche fue que no pude más y me levanté y me fui de la cama. 

Llore, llore mientras tú dormías, llore sin hacer ruido, conteniendo mi ser, con lágrimas oprimidas, sin parar de pensar, mi cerebro consciente e inconsciente traía a mi cabeza millones de imágenes impregnadas de emociones sobre mi, sobre ti, y lo peor de todo, sobre él. 

Llevaba años sin pensar en él, sin recordarlo, pero volvió, retorno porqué era el mismo hastío, el dormir con alguien dándole la espalda, donde la distancia comunica más que las palabras que no atrevemos a decirnos. 

Y lo recordé, a él, no a ti, recordé cuánto nos habíamos amado, cuánto nos habíamos cuidado, cuanto nos habíamos protegido, éramos un equipo, un gran par, él era de las mejores fotografías de mi vida, él era parte de los momentos más felices de mi vida.

No puedo hablar por él, pero yo había sido realmente feliz a su lado, no creo haber  amado tanto a alguien como a él, lo había olvidado, era un recuerdo bloqueado, lo había enterrado para lograr continuar con mi vida. 

Perdón, te deje de querer y no me había dado cuenta.

 

close

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Recibe en tu correo una selección del contenido semanal, invitaciones, convocatorias, noticias, descuentos y promociones.

Sección: Narrativa

Hola, soy Jessica, mexicana. Estudié Comunicación en la UNAM. Fui asistente de edición en TV Azteca y mi fascinación por el montaje y la narrativa me condujo a especializarme en post-producción. En un primer acercamiento al cine, estudié en Border un diplomado sobre Documental en primera persona, con Nuria Ibáñez, un proceso autobiográfico para aprender a contar historias. La oportunidad que tuve para estudiar en el Programa de Guionista de Televisión que organiza Televisa y la Universidad Iberoamericana, me ayudó a fusionar mi pasión por los géneros dramáticos y las emociones. A la par, trabajé en distintas productoras así como en estudios de post-producción como BYG estudio, Lumatica y Boomdogs films. Con mi expertis en el campo audiovisual fundé Absoluta Producción Audiovisual, casa productora de contenidos corporativos y digitales. Actualmente concluyo en CENTRO “El ABC del showrunner” con el objetivo de comenzar a crear ficción a través de la escritura, la dirección y la producción.

Ir a ERRR Magazine No. 42

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *