Sensores de impresencia

He soñado contigo con los ojos abiertos, sentada en la ventana, acostada en la cama, te respiro en cada puerta de la casa, en la cortina del baño, en las rejas del patio y aún siento el sonido de tus pies descalzos, el rastro de tus pasos y la palma de tus manos. Aún el eco de esta casa tiene el sonido de tu risa, el reflejo del espejo se impregnó de tus caricias y en las noches el techo se tiñe de azul Universo, donde ya no encuentro tu destello, las cobijas aún recuerdan la temperatura de tu piel calientita y mis suspiros aún saben al aroma de tus mejillas.

Y te confieso que aún brotan estrellitas cuando frotan mis manos tu lado de la cama y surgen chispas cuando mi cadera roza con la funda de tu almohada, también te confieso que aún queda el polvo que dejó tu ausencia y es que quizás aún es el rastro de lo que un día fue tu presencia.

Y lo que sucede es que aún no limpio las manijas para que no muera tu compañía y me revivo entre recuerdos para que aún existas, todavía dejo las llaves bajo el tapete de la entrada y es que quizás aún las puertas de esta casa siguen esperando tu llegada.

Fotografía por Thomas Listl

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