Sal

31 mayo, 2020

Ya nada era palpable y ni si quiera podía buscar sentir de algún recuerdo. Al despertar, a veces me dejaba quemar las piernas por el sol hasta que mi sueño me torturara lo suficiente. Mi percepción del calor estaba dañada. ¿Y yo? Flotaba en la intermitencia de una luz bajo un túnel de la ciudad para hacerme despertar.

La verdad es que no supe cuanto tiempo estuve así. Mi único recuerdo prohibido era volver al eco de mi voz suplicando que no me dejaran.

La noche que me salvó, estuvo enredada entre psicoactivos y el sonido de la lluvia estrellándose contra el vidrio de la ventana de mi cuarto mientras intentaba dormir.

Poco a poco fui envuelta en una sensación de perder el control bajo una tormenta tropical, podía sentir la brisa lastimar mi cara y el sonido de mi voz tararear canciones para no dejarme de aferrar a una espalda empapada. Los autos pasaban hechos la madre a nuestro lado en una carretera infinita. Un parque acuático cerrado, un abrazo de descanso. Volví a mí cuando la nube gris dejó de perseguir el rastro de la moto que habíamos rentado.

Me levanté y luché contra mi misma durante una hora, yo sabía que no debía hacerme tanto daño, pero también estaba segura de que estaba a punto de soltarme. Fue un madrazo a la nunca el que me dejó tomar la escalera de metal para sacar lo que había guardado en las puertas de arriba de mi closet. Afuera, seguía lloviendo y 4 escalones se estaban convirtiendo en 100.

Libros, cartas, una caguama vacía, nada que no hubiera visto en los últimos cuatro meses. Detrás de todas esas cosas vi lo que estaba buscando, abrí esa pequeña maleta roja para encontrarme unas sandalias con arena, y un kit de snorkel.

En el visor se encontraban atorados unos cuantos granitos de sal del mar de Cozumel. En un reflejo casi instintivo metí mi lengua en todos los huecos llenos de sal para probar lo que había quedado del mar.

Caí de espaldas a una distancia de 100 escalones y fue así como volví a llorar.

Regresé el mar a mis lagrimales y entendí que nunca lo entendería.

Fotografía por Thomas Listl

por

* Dualidad Me esztrello contra el teclado de vez en cuando. ********

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