Retrato de mi generación

10 enero, 2021

(Nos quedamos, como por accidente, en la periferia de un paraíso,
bajo párpados mojados, inciertos, adictos a ver el amanecer en las pantallas del cine.
Nos quedamos casi como el amante que espera su cita en el centro;
como quien recuerda que mañana es su día de descanso,
como quien recuerda, en un rincón solitario,
todas esas aventuras que solamente sucedieron en sueños
y que conforman ahora su vago lenguaje).

Ya no quedan rayos de luz en invierno.
Ya no hay risillas abriéndose paso en los parques.
Las miradas están vacías, esperando un abrazo que sea también viaje.
Se clavan al pasado las aulas, aguardando a que la vida esta vez les alcance.
Ya no hay libros en las manos de un niño.
Ya no quedan lápices con que bocetar lo imaginario.
Ya no quedan…
Ya no quedan…
Ya no quedan cantos.
Ya no quedan llantos.

(Nos quedamos, como por suerte, atrapados en la estática imagen.
Se repite y se repite el mismo discurso, aunque en distintas voces y diferentes atavíos.
Nos quedamos casi como quien se sienta en la cama, y se duele,
y piensa, al mirar la ventana, que ha hecho consigo).

(Nos quedamos, sin bronca, sonrientes al ver en la palma las noticias,
aún con la grasa y las espinas de los amores que pasan.
Nos quedamos casi como quien escribe un poema
para hablar de sí mismo,
aun cuando afuera suenan las sombras que secuestran la infancia).

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