Quedó pendiente la última conversación

Confieso que esto me ha llevado al propio suplicio. A veces no sé si me gusta el dolor o es sólo que anhelo lo que teníamos y que no pudimos concretar. Pero, como una vez te dije: «sólo quiero disfrutar el momento, este tiempo, aunque mañana no te acuerdes de todas las palabras que me estás diciendo».

No estoy esperando a que me entiendas, pues, para mi ego, sería algo arrogante. Tampoco pretendo que los demás lo hagan. No quiero acostumbrarme a ser una persona que no sea entendida, menos comprendida, pero a veces siento como deber el deponer mis propias armas y reconocer las batallas perdidas, las que no me incumben, en donde no tengo porque seguir luchando, a sabiendas de que no ganaré; romper ese miedo a la palabra frustración y aceptar que, paradójicamente, seré vencedora en dejar lo que no me hace sentir bien.

Han pasado días y por fin me animé a escribir al respecto, llegando a decir en voz alta: «¡Gracias por todo esto! Porque me he dado cuenta que puedo mostrar mis sentimientos sin miedo y con honestidad… Ese amor puro que pensé no volvería a sentir. Llegaste a recordarme algo que estaba olvidado y que ya sabía: no abandonarme y aceptar que así pasaron las cosas y no pudieron ser de otra mejor manera».

Fotografía por die lehmanns.

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