PLOP

15 julio, 2018

El lic Jiménez de familia pobre, pero con hambre de rico, sabía que no pertenecía ahí, deja tu eso mas bien no quería, no lo merecía, una criatura cegada por… ambición, eso era Jiménez. Estaba más arriba de la media en sus aptitudes escolares, sabía lo que quería, dinero fácil, tal vez no tan limpio. ¡Rata! ¿de dos patas? ¡Te estoy hablando a ti! Entonces el señor se mete a la universidad y se parte la madre en ella, sale y encuentra trabajo en el gobierno ¡ya estuvo plebes, me les largo al deefe! Su madre llore y llore, orgullosa, prepara una cenota, pedota y sepa la bola que más. Total, se muda el licenciao, se hace de su puesto, tiene una oficina minimalista, amueblada por el diseñador Fen Chuy, todas las secretarias querían ir a sentarse sobre el sillón negro con reposabrazos hechos con colmillo de elefante albino ¡ay guaooo, no lo pueo creer! ¿osea neta esto es de esos animaloteeesss? Increíble. Jiménez de veritas disfrutaba de su nueva vida, de cuando en cuando le mandaba dinero a su familia, se ponía bien pedo todos los días, coshaba con quién sabe quién, tenía el síndrome de la gripa colombiana, en resumen, el vato era el pinche Taz. Total, el vato se enbroncó con unos de la plaza, lo amenazaron de muerte, le dieron chance al vato nomas con la condición de que dejara todo su dinero y se largara a su puto pueblo culero. Ahí va el Jiménez de regreso a su choza, lágrimas en sus ojos, mocos en su mano. Nadie le preguntó nada, fue como si nunca se hubiera ido.

Fotografía: mosthvost

por

Le caigo bien a los vagabundos, pero luego no me los puedo quitar de encima.