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La madrugada se torna un poco reflexiva, más sincera, más real.

Acostada en mi cama, en lo que fue mi habitación por 24 años, a escasas horas de ya no serlo más, de empezar un nuevo comienzo lleno de ilusiones, miedos y sobre todo ganas inmensas de ser grande y libre, libre espiritualmente.

Alguien alguna vez me dijo que el tiempo es relativo y cuanta razón tuvo, dejo una infancia feliz, llena de momentos únicos, de chiqueos de parte de mi Chata, de pláticas interminables con mi Chato, dejo a mis superhéroes para encontrar mi propio destino.

Llegaron los 24 años, y con ellos mi gran etapa de madurez e independencia. Vivir sola siempre fue una de mis metas desde los 18 y hoy, que por fin se cumple, me aterra y a la vez me excita la sensación de no saber qué es lo que pueda suceder, comprender aún mejor la vida.

Cambios les dicen.

El apoyo de mi mamá, de mis grandes amigos, el ‘estoy orgullosa de ti’ de mi novia, el ‘tú puedes’ de toda mi familia y la oportunidad de mi jefe y la confianza de ofrecerme un puesto mejor hacen que mi espíritu se fortalezca y quiera seguir avanzando, con miedo de fallar, pero seguir intentando hasta que me salga bien.

Lo que un día dolió… Hoy se disipa…

Las cosas buenas ocurren cuando sonríes o estás desnudo.

Fotografía por Alberto Polo Iañez

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