Necesidades

El invierno se acerca a una velocidad que considero atroz. Pero ambos sabemos que esto se debe a que odio el frío, el color gris en el cielo y esa forma tan absurda que tiene el sol de ocultarse detrás de cientos de nubes para después asomarse y solo quemarme el rostro y nunca calentarme.

¿No crees que deberíamos comenzar a guardar los últimos atardeceres que nos ofrece el otoño y reservarlos para aquellos días en los que sienta que la tristeza se apodera de mí? Realmente este año no me siento con muchos ánimos de lidiar ya con otra cosa que no sea la ensalada de manzana en Navidad.

Hoy me dijiste que quieres pintar la fachada de la casa. Claro que te dije que sí porque sabes que adoro todas aquellas actividades que me arrancan -por fin- el teléfono de las manos. Así que lo más probable es que mañana vayamos a elegir un galón de un color bonito. Sí. Quiero esto. Quiero verte en tus jeans viejos manchado de pintura, cansado, acalorado. Y quiero ese tiempo que solo tengo contigo.

Porque sé que nunca hemos sido el tipo de pareja que se sienta en el sofá a elegir alguna película -ni por muy trivial ni por muy de culto que sea-. Nunca solemos estarnos quietos, ni siquiera cuando dormimos. Eso me recuerda a la vez que me quedé a dormir contigo, en la que, incluso dormida, te besaba cada cinco minutos porque estaba muy contenta de que pudiéramos pasar la noche juntos.

No dijiste nada negativo sobre eso. Me gusta que no te moleste que te quiera tanto. Que te idealice. Que acepte el hecho de que sobresales de mis expectativas. ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos mal? Creo que nunca. Siempre tienes un beso de vuelta. Eso me llena el corazón.

¿Sabes qué estaba pensando que hace falta en la casa? Una tetera. Tengo tantas ganas de poner el agua a hervir mientras conversamos sentados en la encimera de la cocina. Quiero tocar tu rostro. Quiero ver tus preciosos dientes frontales mientras ríes escandalosamente. Quiero que me tomes con fuerza entre tus cálidos brazos y que solo me apartes de ti porque la tetera está silbando.

Y poner las bolsitas de té en aquellas tazas que hiciste para nosotros cuando apenas comenzábamos a salir y todos apostaban en nuestra contra. Interrumpirte con un beso mientras argumentas porque sabes que si pudiera te besaría hasta las palabras, porque adoro tu forma de hablar, de expresarte, de decirle a todo el mundo las cosas que están mal y cuál es la manera de hacer absolutamente todo bien.

Absolutamente todo.

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