Mercadito de sabores

¡Qué bien me saben los momentos contigo! No siempre son dulces pero siempre saben bien. Tenemos ratos salados y a veces fritos, saben a chalupas con harta salsa como un domingo de cruda.
Hay días ácidos y agridulces como las gomitas que me gusta comprar en el parque.
¿Amargos? También, como el chocolate que preparo cuando hace mucho frío y no estás cerca para abrazarme.
Me encantan los días especiados como la pasta que estoy aprendiendo a preparar para la próxima vez que comas en la casa.
¡Uff! ¡Y qué delicia las ocasiones que me saben a pozole! Como aquel que comimos en la noche y lamentaste la mañana siguiente.
Incluso los días sin ti tienen sabor, saben a nostalgia… Así como las veces que extraño la comida de Veracruz. Ya quiero que vayas y entonces las dos tengamos recuerdos que huelan a volovanes recién horneados, a las picaditas que desayunaba con mis amigos después de clases.
Quiero que nuestros besos tengan el sabor de mi postre favorito, ese que sólo en mi pueblo lo venden ¿Te he contado de él? Es de plátano…
No digo que me moleste recordar tus labios cuando como una cemita en el estadio, cuando pido un gin en el bar dónde fue nuestra primera cita, cuando tomo cerveza y se me presenta el primer concierto contigo, cuando tomo vodka de tamarindo y me acuerdo de mi cumpleaños y lo imprudente que me pongo, es más, hasta el agua me sabe al par de películas que hemos visto o incluso a la obra musical a la que asistimos.
Te veo y mis papilas gustativas me reclaman sabores que sólo encuentro en ti.
Cuando estoy contigo hasta el jitomate me sabe bien, y yo odio el jitomate.

Fotografía por Ludwig van Borkum

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