me dolió cuando te escribí

Aguardiente al tragarme el silencio que aturde mi tormenta al pensarte verte creer correr a mi.

Ilusión.

Aquella vaga entre los remotos recuerdos nulos de tu nunca existencia del querer volver a mi.

Nitidez

Aquella la cual la ausencia rodea en un estruendo recalcante entre la nada. Tu regazo, con peso insoportable de sentirte en la piel como un maldito hilo.

Desnúdate.

Aquella mañana que dejaste intranquila mi calma. Tu cuerpo desnudo aturdió por completo al destacarme con golpe dentro y derecho a mi prision.

Sensación.

Aquel océano que dejan secos mis pómulos detrás de tus gafas. La obscuridad para quedarme siempre aquí en ausencia de regresar la cita para no verte.

Cobarde.

La falta de huir a donde sé que estarás. Para demostrarme una vez y en repetida ocasión la partida de tus tejidos en los míos, entrelazados como el coraje de querer domarte.

Quédate.

Interpreta estos ojos en silencio que buscan el filtro para gritarte mi paciencia. Ven y arranca mis latidos para tu colección de interminables caídas que dediqué al llegar entre el fallido intento de salir a buscarte para nunca encontrarte.

Fotografía por Martin Canova

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