La sombra del ombligo

la raíz arbitraria que me trajo desde tu sangre me aproxima a la sombra natural del reloj con todas sus inquietudes:  

                     la herencia del vacío, 

                     el dilema de las posesiones. 

                     

El doblez de tus ojos me evidencia, así que la fe en el hueso cae al suelo con el eco hacia atrás

 

y busco cambiar tu cuerpo en el fondo del recuerdo de no tenerte en recuerdos para quizás sólo así empezar a extrañarte 

porque yo nunca aprendí a amarte desde la puerta de tu piel: aquella aislada perspectiva que cuelga de la culpa más elástica, 

 

pero me asomo a la cicatriz 

y veo 

después de todo no sos tan diferente a mí.

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