La poesía romantiza muchos males y yo también

Requiero a la vida cuando las llamas arden sin ganas de cesar, vuelvo como ceniza, seca , vacía . . . lo suficiente para enloquecer o hundirme en «la perdición».

. . .

Siempre es la última vez
que atiendo a tu llamado mudo
que me provocas nauseas del tanto deseo
que me revuelves lo visceral
que te busco y me dejas encontrarte
soy porque eres
siento porque para eso te deje entrar
las malas caras por tu amargura, al instante se tornan simpáticas
la luz que das sí se tapa con un dedo
pero me dejo cegar por ella moviendo de lado a lado mi pulgar
permaneces caminando en las venas el tiempo que crees necesario y corres brincoteando sobre el mismo camino hasta que agotas energías
cuando me enfrías me consta que te diviertes porque tiemblo y me froto estúpidamente porque estúpidamente creo que desaparecerá el frío atroz
entonces juegas a verme fracasar cada que digo que es la última vez y en la primera oportunidad gateo a ti
y con raspones en las rodillas rozas despacito el dolor hasta que se deja sanar
es que el reloj de arena ya se volteó y ahí comienza todo porque te deslizas suave y caes desde alto por una ranura sin puerta
y cuando va llenando nadie piensa en lo que se vació de arriba, el espacio solo que dejó
la delicia está en que cuando el ultimo grano cayó sobre el penúltimo, me susurraste
la voz quedita que me habla sin palabras entra a mi oído, diciéndome que volviera a ti y besara la forma, el molde que traigas puesto
me dices ven aquí y tómame como te guste mas, ándale así, entre los labios, sin medida pero con calma,a beso y beso hasta que topes en gemidos
y te escucho, me tientas, me sobornas siempre callada y ¿qué hago yo?
si marioneta me transformo ante todas tus jugadas sucias
y te escucho y retumban mis nervios y hiervo por agotarte y aprovechas para que lo haga
entonces ahí me tienes nuevamente aturdido de ti, caciqueando todo en mí por un poco de tu fulgor
y me ves desde arriba con delirios de poder, poder que yo te di
no te dejo hablar pero dominas el arte que te enseñe de hacer de mí la primera perversión que me traiga la cabeza
no te callas y me harta escucharte como si fueras el tic y el tac del tiempo.

Fotografía por Erik Wetsoe

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