La luminosa estética del neón

 Shimmering neon lights… this city is made of light…    -“Neon lights”, Kraftwerk, 1978.

The Doors, The Kinks, U2, Björk y Cut Copy, entre otros, han incluido en sus letras al luminoso neón. Está presente en canciones, en ciudades como Las Vegas y Nueva York que se visten de luces, en anuncios que se ven en las calles de noche y día, en farmacias, bares y tiendas; y más que decoración de avenidas y medio de difusión, es un símbolo constante en la estética contemporánea.

¿Quién diría que un elemento de la tabla periódica sería tan importante a partir de su descubrimiento en 1898? Desde sus primeras apariciones, entre 1913 y 1925, los tubos de neón son característicos de la publicidad en las ciudades: en París en un anuncio de Cinzano; en California en una concesionaria Packard; y en la ciudad de México en la Lotería Nacional, seguido de la cerveza Corona.

El auge de esta industria fue en los años treinta y cuarenta; incluso así, el neón parece atemporal, sus luces de tonalidades rojizas se ven contemporáneas aún con el paso del tiempo, sobre todo en la creación artística.

El argentino Gyula Kôsice lo introdujo en la escena del arte en 1946, y es conocido como el primer artista en hacer una pieza con esta técnica; después, Lucio Fontana presentó en la IX Trienal de Milán una escultura de luz blanca colgando del techo semejante a un garabato.

La experimentación de la tecnología en el arte y el interés en redefinir el quehacer artístico a través de nuevos medios, atrajo el interés de algunos artistas por emplear la tecnología del momento; por esa razón el neón tuvo una fuerte presencia en los años sesenta, relacionándose con el light art y con el arte cinético, debido al dinamismo lumínico. Así pasó de ser un emblema publicitario colocado en edificios, a exponerse en galerías y museos.

Artistas conceptuales y minimalistas aplicaron el neón para crear distintos discursos estéticos; entre ellos los consagrados como Dan Flavin, quien fue de los primeros en exhibir esculturas de luz cromática; Joseph Kosuth, quien habiéndose declarado en contra de la sensorialidad y a favor de la neutralidad en el arte, lo usó para sus frases tautológicas; y Bruce Nauman, quien lo trabaja para hacer palabras y siluetas humanas. También otros artistas hicieron propuestas fosforescentes en su momento, como Stephen Antonakos y la artista pop Chryssa, pionera en esta técnica.

Artistas contemporáneos que trabajan con el lenguaje escrito se han apropiado de esta estética urbana y sus prácticas textuales, que evocan a aquellos letreros luminosos de las calles, son leídas y vistas; y aluden a la cultura popular con sus luces artificiales que presentan frases filosóficas, reflexivas y humorísticas. Tracey Emin, Glenn Ligon, Martin Creed, Doug Aitken, Jack Pierson, Jung Lee, Claire Fontaine, Sylvie Fleury y Cerith Wyn Evans, son algunos de los que escriben palabras con neón, así como los mexicanos Emilio Chapela, Stefan Brüggemann, Teresa Serrano, y Diego Matthai, quien en 1968 usó este medio.

También aparece en la producción contemporánea en ambientes minimalistas que intervienen el espacio y envuelven la atmósfera de color, como en las propuestas de Doug Wheeler, James Turrell, François Morellet y Bill Culbert, en donde la sensorialidad es primordial. Los tubos de neón se presentan en líneas y figuras geométricas montadas en la pared, en el piso o flotando en medio del lugar.

En cajas con espejos, trazos pictóricos de luz y retratos a gran escala… La estética del neón persiste en el arte, la música, y la publicidad (aún siendo sustituido por el LED y las pantallas de plasma, los que no hubieran sido posibles sin la tecnología del neón). Este elemento seguirá siendo característico de la ciudad, galerías y museos –que por cierto, existen museos dedicados a él. Ya no sólo es la ciudad, sino también el arte que están concebidos por luz.

Fotografía: Alexis Vasilikos

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