La lógica de las moscas

8 febrero, 2021

Todas las palabras están escritas, ya se han utilizado, no hay algo que se pueda agregar. No armes un escándalo pero quiero verte, quiero estar cerca de ti, aunque ambos sabemos que sólo queremos usar nuestros cuerpos y no nuestras almas. Todas las señales son con doble sentido para que no sepas que sucede es como cuando una idea que tienes la ves ejecutada por otra persona.

Es muy fácil dar un consejo a lo otros cuando nosotros no tenemos que seguirlo. Miran a sus presas directamente a los ojos, esos ojos rojos de un raro fulgor que no te permiten resolver más que en un acercamiento. La tela de la araña recuerda a la infancia, a esos momentos en que te sentiste como parte de algo más, algo mucho más grande que tú. Cuando te sientes atrapado la única opción que hay es escapar, por lo menos de la realidad en la que te encuentras; a veces vale la pena escapara porque puedes encontrar tesoros ocultos que no sabías se encontraban tan cerca de ti, tan cerca de todo lo que anhelabas en el mundo.

Cuando menos lo esperas es cuando las cosas suceden, cuando todas tus esperanzas se han ido, es cuando los muertos reviven o cuando las sombras desaparecen. Esa es la desesperanza que sienten las moscas cuando están a punto de morir, al borde del colapso, un infarto que termine con tu corazón de un sólo golpe. Las presas que logran escapar de su captor tienen una esperanza de vida de apenas 24 horas, y nunca nos hemos preguntado en que haríamos si ese fuera nuestro último día de vida, a quién visitaríamos, qué sería lo último que les diríamos a nuestros seres queridos. El amor y la muerte como siempre caminando de la mano.

Podríamos preguntarnos entonces de que sirve que nos salvemos si la vida es tan solo un espacio de tiempo que se desdibuja ante nuestros ojos; pero a veces la vida tiene cosas por las que vale la pena vivir, por las que vale la pena escapar de las arañas que nos tienen atrapados en sus redes. Así es como se siente cuando alguien recupera la fe, cuando alguien confía en alguien más, la iluminación y la fuerza te alcanzan para salir adelante, para que la araña no termine tirando su veneno sobre ti, que puedas ser feliz aunque solo te quedan 24 horas de vida.

Por más que trates no hay forma de escapar a lo que ya estabas destinado y si tu destino era ser devorado por una araña en medio de un bosque no hay más remedio que aceptarlo. Para pasar esos últimos momentos observas fijamente todos los rincones del bosque, todos esos espacios que te llenan de alegría y te acercan a la felicidad que jamás has conocido. Las arañas solo obedecen su naturaleza rastrera, hacen sus telas para atraparte y después comerte, no les importan tus suelos o ilusiones. Biológicamente no se sabe si las moscas tienen todas esas nociones, pero es lindo imaginarlo, que no somos los únicos que pueden solar con tener un futuro mejor, con tener y alcanzar esa trascendencia que persiguen todos los seres humanos.

Menos palabras son las que se necesitan para representar lo que no existe, lo que sólo en la imaginación puede crearse y repensarse. Somos la contraparte, lo que ya se ha visto y se ha normalizado, se ha convertido en la regla dentro de un mundo en el cual nada tiene sentido, nada espera ser comprendido y mucho menos amado. Lo que ya se ha mostrado en otros espacios sin salida, un laberinto gigantesco que te lleva a un desierto en el cual a pesar de ser libre, no sabes donde están los puntos cardinales, o tu hogar. Un síndrome que recorre tu mente para hacerte sentir mejor con tu inactividad, con tu falta de empatía y la ansiedad que con cada noche que pasas dentro de la tela de la araña, con cada segundo que esos ojos en miniatura de color rojo te han hipnotizado para atraparte y hacerte sentir que nada en tu vida vale la pena, que nada en tu vida se ha hecho para que seas feliz.

La depresión no te permite moverte, no te permite salir adelante, no te permite levantarte de la cama para ir al balo o lavarte los dientes. Es la única razón por la que no puedes seguir pensado en él/ella. Me parece que hay una salida que se va a lo lejos, una luz de esperanza para salir del encierro, es una mano que aparece de entre las cenizas, un halo de luz que dibuja la figura de una persona que sabes que conoces más no quieres reconocer como alguien que forma parte de tu vida. Los periodos de tiempo de vida de cada organismo deben de sentirse de forma muy distinta, para lo que algunos es muy poco tiempo, para otros se siente como una eternidad y viceversa, lo único que queda como consuelo es que todos esperamos a la muerte ingrata, la que no llega cuando el infeliz la clama, y solo acude en ayuda de los tristes y desamparados.

Cada quien desea escapar de sus realidad sin darse cuenta que es imposible que no hay nada más que agregar al ciclo de las reencarnaciones. El círculo se ha cerrado se ha terminado nuestro momento luchando con la araña.

Fotografía por Cleo Thomasson

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Parecemos nubes que se las lleva el viento, cuando hay huracanes, cuando hay mal de amores...

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