Ideas sobre la muerte con una cerveza en la mano

7 noviembre, 2019

El pensamiento sobre la muerte – no en un sentido filial o final, sino como proceso – es más constante mientras más te vas desgastando.
Esa idea que te asalta después de un amplio periodo de desvelos, botellas, fumadas y folladas; el fluir del cuerpo a través del hedonismo que he tace reflexionar sobre las ETS’ y los autoatropellos de los que tus padres te incitaban a cuidarte.
Entonces, pones en perspectiva los años que llevas sosteniendo vasos rojos y labios ajenos: «De seguir así, ¿a dónde llegaré? ¿Cuánto tiempo tardaré en tener esto o dejar de tener aquello?»
El «vive rápido, muere joven» te parece un axioma que se oye mejor como título de canción que como mantra; te deprime pensar en el club de los 27 y te deprime aún más tanto comercial de cremas rejuvenecedoras.
También vienen los flashbacks: desde la primera cerveza a los 16 hasta la actual punzada de la cruda o desde el primer puñetazo en la secundaria hasta lo que ocasionó que te pusieran clavos en la tibia.
Luego piensas en esa frase de «vida sana», que por lo regular se pregona con un tipo o una tipa o una pareja sonriente, atlética y de tez clara. Y atrás un paisaje boscoso o un chingo de verduras o botellas de agua.
Te preguntas: «¿Valdrá la pena el esfuerzo?” Ir al gimnasio en lugar del bar y pedir un jugo en lugar de un Jim Beam. Y crees que sí, que es cuestión de decidirte. Te vas a dormir con esa idea, por eso pones la alarma a las 6 am.

Al otro día despiertas casi a mediodía y vas a refrigerador por una lata con el nombre del rey de la selva. De vuelta a la cama, recapitulas en voz alta: «¿Qué pasó anoche?».
Mientras recuerdas tantas ideas que ahora te parecen estupidas, le das un trago a la bebida. Te ríes porque sabes que mañana o en año nuevo, tendrás la posibilidad de tener un nuevo comienzo…si no mueres antes.

Fotografía por Martin Canova