Hagamos una porno

El chico vivía solo en un viejo departamento. No tenía amigos ni bebía alcohol. Se la pasaba todo el día perdiendo el tiempo en internet.

Por las noches se dedicaba a ver pornografía. Africanas, rusas, asiáticas. El video sólo lo satisfacía si la chica del porno se parecía a su prima Lili.

Patético, de lentes, los pantalones en el suelo y el video en la pantalla reproduciendo a la chica en ultraHD. Imagine eso.

Nunca había tenido sexo. Típico: joven promedio al que le da miedo hablarle a las mujeres.

Todo cambió cuando Lili se mudó al departamento el día que la admitieron en la misma academia donde él estudiaba.

Ya no se masturbaba a gusto. Por él, hubiera preferido que no estuviera ella, pero sus padres insistieron en ello.

Ahora, antes de bajarse los pantalones, se aseguraba de que estuviera bien puesto el seguro de la puerta de su habitación o del baño.

Casi no hablaban. Pocas veces desayunaban juntos por la mañana.

Un tarde, Lili llevó a una amiga suya al departamento y se encerraron en su habitación toda la tarde. Luego llevó a otra. Y, después, ya no le bastó una: entraba con dos o tres.

-Vienen muchas chicas -comentó Ben.

-¿Te molestas? -preguntó Lili, sorbiendo de su taza de café, desabrochando su camisa poco a poco para intimidarlo.

Después de eso vinieron: 1) masturbarse en la bañera pensando en ella; 2) él entrometiéndose en la habitación de Lili sólo para descubrir que tenía cámaras de video, trajes de látex negro y cadenas de fuerza en la cama; y 3) diremos que ella lo descubrió masturbándose en el baño.

Y dejémonos de detalles. Las cosas son como siguen:

Era un sábado en la noche. Lili vino a la habitación de Ben. Tocó la puerta.

-¿Puedes venir un momento? -preguntó ella.

-¿Ahora? -la miró: no tenía ropa, sólo una toalla encima.

-Sí, ahora.

-¿Para qué?

-Sólo ven y ya. Es una mala idea preguntar.

El chico entró a la habitación y miró la cámara encendida.

La amiga de Lili, Susan, estaba recostada boca abajo en la cama, desnuda, con un bozal.

-¿Podrías grabarnos? -preguntó ella.

Lili se hincó frente a su amiga y Ben comenzó a grabar.

-¿Él no saldrá? -preguntó la chica, Lili respondió que no.

-Lili, ¿qué se supone que es esto?

-Hacemos una porno, Ben.

El chico se calentó. La frente comenzó a sudarle.

Antes de terminar de grabar, Lili tomó a su primo, le bajó los pantalones y comenzó a pegarle.

-Eres un chico malo, Ben. ¿Por qué nos grabaste? Le diré a mi tía que nos obligaste a hacer una porno. ¿Esto te gusta?

El pobre de Ben terminó tirado en el suelo. Tenía un palo incrustado en el recto. Lili no paraba de reírse de él junto a su amiga.

-¿Esto te gusta, Ben? -le preguntó Lili-. Eso te pasa por masturbarte cuando estoy en casa.

Fotografía por Cleo Thomasson

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Sección: Narrativa
H. L. J. Ángel

H. L. J. Ángel (1997). Ha publicado poesía, cuentos y ensayos en diversas revistas electrónicas como Nomastique (México) e impresas como Revista Falsa (Chile) bajo distintos heterónimos. Actualmente forma parte del equipo editorial de Revista Tlacuache como dictaminador.

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