Hablarle de ti al viento

17 marzo, 2018

Hace poco más de un mes te escribí por última vez. Recuerdo que escribí algo de que el viento movía mi ventana y que en ocasiones parecía que intentaba abrirla. Lo que no te había comentado, es que el viento ese día se asomó y vió tu foto en mi computadora. Es por eso que empezó a soplar fuerte y querer entrar. Te digo todo esto, porque ayer en la mañana salí a correr y me encontré con él. Preguntó por esa foto, dijo que había visto una foto de una niña muy linda.

-Esa niña de la fotografía, se ve muy linda. ¿Quién es?

-No es una niña, es una mujer muy bella.

-Ja!! Daniel, ¿sabes cuantos años tengo? ¿Sabes cuantos idiomas conozco?

-Mmm, está bien! Imagino que yo ando en pañales, entonces?

 

El viento dio un soplo más fuerte y se rió. Después, siguió intrigado.

 

-Quien es ella? Nunca había visto una cara así. Imagino que la conoces.

-Sí, la conozco desde hace algún tiempo. Tal vez para ti parezcan minutos, pero para mí es gran parte de mi vida.

 

Todo esto sucedió como a eso de las 8 de la mañana, y como sabrás, está poco frio y yo prefería no hablar con el viento. Prefería concentrarme en mi respiración y en avanzar más de lo que había corrido el día anterior. Pero, cada vez que me hablaba era como una pequeña ráfaga de viento que incomodaba. No quería enfadarme y terminé por pedirle una tregua. Si dejaba de molestarme mientras corría, le diría quien eres. Al terminar lo que consideré un excelente día para correr, a pesar del día frio y con viento. Caminé de regreso como dos kilómetros, y en ese momento le platiqué un poco de tí.

 

-Cuéntame, ¿cómo se llama? ¿Quién es?

-Se llama Laura Patricia. Odia que le hables por el nombre de Laura. Si quieres que piense que eres una persona tierna, le puedes decir Patita o algo similar, pero por lo regular dile Paty. Si le dices Patricia no lo va a tomar muy bien, pero no se molestaría. Más bien se sacaría de onda. ¿Quién es ella?… No se para los demás, para mi es una chispa de alegría. mmm… no sé cómo definirte eso…

-Una chispa de alegría, mmm…

-Sí, es como una de esas velas de chispitas que por más que las apagas, vuelven a encenderse.

-Mmm… Creo entenderte, cuéntame más.

-Tiene una energía en ella, muy diferente a las demás mujeres que conozco. Te digo, es como querer apagar una chispita de vela en un pastel de cumpleaños; cuando se vuelve a encender todos ríen y se sorprenden. Así mismo todos son felices a su derredor. Pero… a tí porque te interesa saber de ella?

El viento no respondió, sopló y resopló. Para este momento estaba llegando de correr. Abrí la puerta y el viento la azotó al cerrarla. Fui hasta el baño, me desvestí, me bañé y salí a arreglarme. Hice algunas llamadas y mandé varios correos mientras tomaba algo de desayuno.

Salí en la motocicleta, y durante este tiempo no supe nada del viento. Tampoco yo quería saber de él. Te digo, me sentía incomodo con sus preguntas. Me molestaba que alguien tan sabio, tan conocedor de mundo se interesara por ti, por alguien que quiero. Sentía que se entrometía en mis asuntos de alguna manera.

Poco antes de ir a comer, salí al patio y me senté en una esquina donde el viento no golpeaba de lleno y podía ver las copas de algunos pinos lejanos. No pasaron ni dos minutos cuando llegó y sopló con preguntas en mi cara otra vez.

 

-¿Porque te molesta que te pregunte por ella? Que no ves que somos naturalezas diferentes. Si acaso, podría jugar con su cabello o acariciar su piel, pero que no ves que llevo cientos, miles de años aquí. No podríamos tener una vida juntos.

-Me molestaría que tú fueras toda su vida, y para tí fuera un abrir y cerrar de ojos.

-Celoso. Vaya.

-No me puedo poner celoso de alguien que no me pertenece. Yo me pertenezco. Pero nadie, ninguna mujer me pertenece. Ella es libre de estar donde le parezca mejor.

 

Para ese momento el viento conocía mis intenciones, mis sentimientos. No es tonto, me vio con malicia y me dijo de frente:

 

-Háblame de lo que más te guste de ella.

-Ya te dije que es como una chispita de alegría. No quería entrar en detalles. Ya le había dicho suficiente.

-Háblame de su cuerpo o de su cara. ¿Qué te gusta de ella?

(después de algunos minutos pensando)

-Su boca. Sus labios son miel mezclada con flores. Son suaves y delicados.

-Sí, pero, ¿Eso te cautiva? ¿Eso te llena, como para dejar todo lo que estés haciendo ahorita mismo e irte a vivir al otro lado del mundo, aprender un idioma nuevo y un estilo de vida nuevo?

-Lo hice, tal vez no al otro lado del mundo y así, pero eso no tiene caso ya.

-Vaya, ya me interesa más. Cuéntame! ¿Cuéntame cómo es ella?

-Sus ojos son literalmente dos soles. Si te encuentras bajo su mirada, te reconforta como el calor de la luz del sol. Pero no te dejes engañar, cuando te digo que es una chispa de energía, me refiero a que tiene fuerza en su mirada, y sabe usar la fuerza que tiene. También tiene la piel más fina. Inclusive mas tersa que los más finos pétalos de flores.

 

El viento se sorprendió y se emocionó. Sopló por algún tiempo y sopló aun más fuerte. El cielo se veía turbio de tanto polvo. Aproveché para entrar a la oficina y terminar los asuntos del día. Mientras tanto podía sentir al viento merodeando. Pasaron algunas horas, y durante este tiempo el viento se empezó primero a desesperar y al final a molestar conmigo porque no le hablaba mas de ti. Esto ocasionó que al salir en la motocicleta de regreso a casa, intentara derribarme.  Por suerte no paso nada. Al llegar, me sentía ya cansado de estar huyendo del viento, de no querer darle explicaciones. Así que al guardar la motocicleta, me fui a sentar a mitad de patio y seguimos hablando el viento y yo.

 

-Cuéntame, ¿Cómo es que existe una mujer así? Cuéntame más.

-Te voy a hablar de ella. Te voy a decir porque me gusta, no porque la quiero, no te confundas. Sé que quieres saber cómo es físicamente. Como te dije, su cara es muy hermosa, pero es más bella que sólo su cara, sus cabellos son finos hilos de seda, el largo de sus piernas es perfecto. La proporción entre cintura y cadera es la mismísima sensualidad, es pasión. La caída de sus senos es fino y delicado, y por último, su vientre es el mejor lugar para reposar la cabeza y dejar que el tiempo pase. Lo cura todo. Es el vientre de una mujer segura de sí.

 

En este momento ya no pude mantener una plática con el viento. Había hojas y papeles volando, había demasiado polvo en el viento. Ya no eran rachas, era constante y con gran fuerza. La presencia de nubes hacía todo muy frío y se podía sentir por entre la ropa.

En algún momento me levanté y le dije que si te veía, te cuidara, que aquí estaría para ella.

 

Desde entonces, no ha soplado el viento igual.

Fotografía: Catherine Lemblé