{"id":218254,"date":"2026-10-05T12:38:30","date_gmt":"2026-10-05T18:38:30","guid":{"rendered":"https:\/\/errr-magazine.com\/?p=218254"},"modified":"2026-10-05T12:38:35","modified_gmt":"2026-10-05T18:38:35","slug":"llama-contra-llama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/errr-magazine.com\/english\/llama-contra-llama\/","title":{"rendered":"Llama contra llama"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"679\" data-src=\"https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?resize=1024%2C679&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-218258 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?resize=1024%2C679&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?resize=300%2C199&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?resize=768%2C509&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?resize=18%2C12&amp;ssl=1 18w, https:\/\/i0.wp.com\/errr-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Foto-11-6.jpg?w=1500&amp;ssl=1 1500w\" data-sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 1024px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 1024\/679;\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/L.lee_v\">Fotograf\u00eda por Larren lee<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de tocar la puerta me llevo dos dedos al pecho, no para medir el coraz\u00f3n sino para avisarle que no todo golpe anuncia una fuga, y el coraz\u00f3n, que no entiende razones y tiene la memoria llena de corredores, golpea una vez, dos veces, tres, como si alguien caminara detr\u00e1s de la pared; entonces acerco la mano a la madera, siento del otro lado tu silencio, ese silencio tuyo que no est\u00e1 vac\u00edo sino lleno de cosas que todav\u00eda no han elegido su forma, y por un momento no s\u00e9 si voy a entrar en tu cuarto o en la habitaci\u00f3n de mi infancia donde una l\u00e1mpara quedaba encendida para nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Traes el cabello h\u00famedo, un olor leve a lluvia detenida en la corteza de un \u00e1rbol, a piel reci\u00e9n salida del sue\u00f1o, y hay algo en tu cuello, quiz\u00e1s el perfume, quiz\u00e1s el calor, que vuelve m\u00e1s estrecho el pasillo y hace que las paredes se acerquen para o\u00edrnos. No dices ven. No dices pasa. Te apartas apenas, y ese movimiento basta para que entre yo y entre conmigo todo lo que quise dejar afuera: la puerta que cerraron demasiado pronto, el vaso que nadie volvi\u00f3 a llenar, la voz que aprendi\u00f3 a preguntar sin abrir la boca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">T\u00fa tambi\u00e9n has tra\u00eddo lo tuyo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se nota en la manera en que sostienes la mirada un segundo m\u00e1s de lo necesario, como si debajo de tus ojos hubiera otro par de ojos que desconfiara de m\u00ed, como si una mujer antigua, vestida con tu misma piel, esperara detr\u00e1s de ti para comprobar cu\u00e1nto tarda una mano en volverse garra. Nos miramos as\u00ed, rodeados por esas criaturas que nadie invit\u00f3, y durante unos instantes somos cuatro, seis, quiz\u00e1s muchos m\u00e1s, todos respirando dentro del mismo cuarto, todos esperando que algo se rompa para reconocer la escena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me acerco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No a tu boca, todav\u00eda no. Me acerco a la peque\u00f1a sombra que hace tu clav\u00edcula, al sitio donde el cuello empieza a descender, y all\u00ed tu olor cambia, se vuelve m\u00e1s oscuro, fruta abierta en una habitaci\u00f3n cerrada, madera caliente despu\u00e9s de la lluvia. Respiro sin tocarte y tu piel se eriza antes de que mi mano llegue. Ese estremecimiento m\u00ednimo corre por tu hombro, baja por el brazo, se pierde bajo la tela, y yo siento que algo despierta tambi\u00e9n en m\u00ed, el animal d\u00f3cil y sujeto que vive debajo de las costillas, el que aprendi\u00f3 a moverse s\u00f3lo cuando alguien parec\u00eda alejarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi mano encuentra tu nuca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palma se acomoda como si ese lugar hubiera sido pensado para ella, pero no te atraigo, no todav\u00eda, dejo que los dedos permanezcan all\u00ed, abiertos, sintiendo la ra\u00edz de tu cabello, la temperatura de la piel, el pulso que sube y baja sin pedirme permiso. T\u00fa inclinas apenas la cabeza y entonces la diosa que escond\u00edas detr\u00e1s del gesto abre un ojo. No sale completa. Primero asoma por tu respiraci\u00f3n, despu\u00e9s por la manera en que tu boca pierde firmeza, despu\u00e9s por el calor que se concentra debajo de mi mano. La veo avanzar desde el fondo de ti, apartando una a una las capas con que aprendiste a protegerla, y no se parece a una reina ni a una virgen, se parece a un animal nocturno que reconoce por fin el bosque donde puede dejar de fingir mansedumbre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El beso aparece antes que el beso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Est\u00e1 en el aire entre nosotros, en la distancia m\u00ednima que todav\u00eda separa nuestros labios, en el movimiento con que tus ojos bajan hacia mi boca y regresan, en la respiraci\u00f3n que ya no sabemos de qui\u00e9n es. Me acerco un poco m\u00e1s y el cuarto se inclina. No mucho, apenas lo suficiente para que la l\u00e1mpara parezca una luna sostenida por un hilo, para que la silla se aleje unos cent\u00edmetros y el suelo adquiera la blandura de la tierra despu\u00e9s de una tormenta. T\u00fa sonr\u00edes, pero la sonrisa tiembla, y detr\u00e1s de ella aparece el filo, esa antigua necesidad de que el deseo venga acompa\u00f1ado por alguna amenaza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces nos besamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu boca tiene primero un sabor tranquilo, agua sobre metal, despu\u00e9s algo m\u00e1s profundo, una dulzura oscura que llega desde la lengua y vuelve m\u00e1s pesado el aire. Tus labios se abren, los m\u00edos entran, se retiran, vuelven, y el beso no avanza en l\u00ednea recta sino que gira alrededor de nosotros, sube por las paredes, se mete en los cajones, despierta el polvo de los muebles. Nos besamos y el cuarto empieza a llenarse de hojas; no s\u00e9 de qu\u00e9 \u00e1rbol son, caen lentamente desde el techo, se posan en tu cabello, en mis hombros, en la cama, y cada vez que una toca el suelo oigo una puerta cerr\u00e1ndose muy lejos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te muerdo el labio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No fuerte. Apenas lo necesario para que tu respiraci\u00f3n cambie y el dolor se vuelva una chispa. T\u00fa respondes acerc\u00e1ndote m\u00e1s, y durante un instante el antiguo idioma vuelve a nosotros, ese idioma que s\u00f3lo sabe decir verdad cuando hay filo, ese idioma donde querer significa correr detr\u00e1s de algo que se pierde. Lo siento despertar en la sangre, pidiendo altura, desorden, una llama que toque el techo y nos obligue a salir corriendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no corro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">T\u00fa tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi mano baja por tu espalda y encuentra el lugar exacto donde tu cuerpo deja de defenderse, una curva tibia, viva, que cabe en la palma y al mismo tiempo la desborda. Te atraigo hacia m\u00ed y siento el peso completo de tu cuerpo, no como ca\u00edda, no como rendici\u00f3n, sino como presencia. Est\u00e1s aqu\u00ed. Esa certeza, tan simple, resulta m\u00e1s vertiginosa que el beso. Est\u00e1s aqu\u00ed sin estar huyendo, y yo estoy aqu\u00ed sin perseguirte, y el deseo no desaparece; al contrario, se vuelve m\u00e1s hondo, pierde ruido y gana temperatura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu muslo toca el m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tela entre ambos cuerpos parece una equivocaci\u00f3n. Mi boca baja por tu cuello y cada cent\u00edmetro tiene un sabor distinto: sal, perfume, calor, una nota amarga junto al hombro, algo parecido a miel donde el pulso golpea. Respiro tu piel y el olor entra tan profundamente que ya no s\u00e9 si lo estoy sintiendo o recordando desde un lugar donde nunca estuve. T\u00fa hundes los dedos en mi cabello, tiras apenas, y el dios que vive detr\u00e1s de mi pecho deja caer la espada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se arrodilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No conquista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se queda de pie frente a tu noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La diosa lo mira sin cubrirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante un instante no somos hombre y mujer, ni herida y herida, ni pasado y pasado; somos dos fuerzas que han llegado demasiado lejos para fingir que no se reconocen. Tu mano se abre sobre mi espalda. La m\u00eda recorre tu cintura. Nos movemos con una lentitud que tiene algo de ceremonia y algo de peligro, como si estuvi\u00e9ramos trasladando una llama de un recipiente a otro y cualquier temblor pudiera derramarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuarto vuelve a cambiar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las paredes se apartan, la silla queda suspendida sobre un agua negra, el techo desaparece y encima de nosotros hay una noche llena de peces luminosos. Uno de ellos desciende hasta tu hombro, se queda all\u00ed latiendo, y yo lo cubro con la boca. T\u00fa cierras los ojos. De tus pesta\u00f1as cae una ceniza muy fina que no quema. La recojo con los labios y al hacerlo veo pasar detr\u00e1s de tus p\u00e1rpados todas las habitaciones donde alguna vez te dejaron sola, todas encendidas, todas vac\u00edas, y en cada una hay una versi\u00f3n de ti esperando o aprendiendo a no esperar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No digo nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te beso otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta vez el beso entra hasta esas habitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las l\u00e1mparas se apagan una por una, pero no queda oscuridad; queda la luz de nuestros cuerpos, una claridad roja, baja, semejante a la que conserva el carb\u00f3n mucho despu\u00e9s de que las llamas visibles han desaparecido. Tu respiraci\u00f3n se mezcla con la m\u00eda. La boca que desea y la boca que cuida dejan de turnarse. Muerden juntas. Besan juntas. Lamen la misma herida sin cerrarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alg\u00fan momento el viento llega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No entra por la ventana, entra por nosotros. Levanta las hojas del suelo, abre los cajones, hace sonar las puertas que hab\u00edamos dejado atr\u00e1s. Trae voces. Dice que esto no durar\u00e1. Dice que si dura dejar\u00e1 de arder. Dice que tu cuerpo, tan cerca ahora, ser\u00e1 ma\u00f1ana una distancia. Dice que mi mano, tan tranquila sobre tu espalda, terminar\u00e1 buscando otra puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo escuchamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu cuerpo se endurece apenas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El m\u00edo tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuchillo est\u00e1 ah\u00ed, bajo la mesa, donde siempre ha estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00edamos tomarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00edamos cortar la noche antes de que la noche nos corte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00edamos inventar una despedida, un exceso, una herida nueva y brillante para sentir que algo verdadero ha ocurrido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En lugar de eso, acercas tu frente a la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu frente contra la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viento sigue hablando, pero ahora tiene que rodearnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respiramos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siento en tu aliento el mismo sabor a fruta madura del beso, mezclado con algo m\u00e1s tenue, casi vegetal, como hojas machacadas entre los dedos. T\u00fa hueles mi cuello, deslizas la nariz por la piel como si buscaras una palabra escrita debajo de ella. Nos quedamos as\u00ed, respir\u00e1ndonos, y la respiraci\u00f3n empieza a construir una casa alrededor de nosotros. No una casa firme, no una casa sin grietas. Una casa hecha de aire caliente, de cabello, de saliva, de piel que todav\u00eda tiembla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu mano queda abierta sobre mi pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pesa poco, pero sostiene todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El animal debajo de mis costillas intenta moverse. Espera el momento en que retires la mano, el cambio de respiraci\u00f3n, la se\u00f1al de que incluso dormida puedes alejarte. Lo siento girar, atento, y por primera vez no lo encierro ni lo obedezco. Dejo que escuche el peso de tu palma, el calor real de tus dedos, el peque\u00f1o movimiento de tu cuerpo al respirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afuera, la noche avanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las hojas han desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los peces de luz vuelven al techo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La silla toca otra vez el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s te vas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No de golpe. Te vistes, recoges el cabello, buscas tu bolsa debajo de la mesa, y cada gesto devuelve al cuarto su tama\u00f1o habitual. La puerta se cierra sin violencia. Tus pasos se alejan por el pasillo. Queda tu olor en la sala, una forma hundida en las sillas , un vaso con agua a medio beber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces empieza la otra noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La que ocurre cuando ya no est\u00e1s para demostrar nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me siento donde estuvo tu cuerpo y el fr\u00edo llega enseguida, no desde la ventana sino desde el centro del espacio, como si la silal recordara todas las ausencias al mismo tiempo. El animal despierta. Se levanta entero. Empieza a caminar bajo mis costillas, golpea una puerta, despu\u00e9s otra. El pasillo de la infancia vuelve a encenderse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son las tres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La oscuridad fabrica pasos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por un instante quiero llamarte, no para escucharte sino para comprobar que todav\u00eda existes. Quiero abrir una herida peque\u00f1a, cualquier herida, con tal de sentir de nuevo el filo. Quiero que el viento tenga raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces acerco mi cuerpo a la silla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tu olor sigue all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s d\u00e9bil, pero intacto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lluvia, madera, fruta abierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pongo la mano sobre mi pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debajo de la palma, algo arde sin ruido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es tu cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es mi miedo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es la promesa de que volver\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una brasa peque\u00f1a, oscura, paciente, que no necesita destruir nada para demostrar su calor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche la rodea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viento pasa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La brasa permanece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y yo, por primera vez, permanezco con ella.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de tocar la puerta me llevo dos dedos al pecho, no para medir el coraz\u00f3n sino para avisarle que no todo golpe anuncia una fuga, y el coraz\u00f3n, que no entiende razones y tiene la memoria llena de corredores, golpea una vez, dos veces, tres, como si alguien caminara detr\u00e1s de la pared; 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