El testimomio de Eli Rubinsztein

Esa noche fatídica mientras cenábamos, unos drones espiaron por nuestra ventana. Bajo un estado de intranquilidad mi tío acudió a nuestro vecino Charlie Kaufman, le dijo que debieron haber sido esos chiquillos molestos otra vez y que ya no le importaba un rábano lo que hicieran. Supongo que algo sabia, después de todo estaba aquí desde 1968.
Nunca supimos que sucedió ahi fuera pero luego de un pitido ensordecedor y un par de destellos cegadores mi tío y nuestro vecino Charlie habían desaparecido para nunca jamas ser encontrados.

Fotografía por cem celik

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