El amor y el tiempo, están en guerra

Era mi primer año de prepa, estaba recursando el primer año debido al cambio de prepa que tuve, me sentía raro, diferente, como si no encajase en ese lugar ni con esa gente; en el primer día logré hacer nuevos amigos, al parecer eran los únicos que tenía.

A mitad del ciclo, en los pasillos tropecé con unas caderas increíbles, unos brazos que parecían palillos de madera y un hermoso rostro moreno y delicado, no lo creía, no pareciese que fuera una mujer; sentí como si mi corazón reventara de la emoción, seguía sin creerlo, quede hecho un pendejo al verla.

Las siguientes dos semanas me la pase dibujando corazones entrelazados con una flecha en las ultimas hojas de mis cuadernos como si fuese yo un estúpido, solo escribía mi nombre con un espacio para el de la susodicha que permanecía como anónima, que solo la veía en los pasillos, caminando, siempre sola y con el libro de García Márquez en la mano.

Me di cuenta que era más que perfecta para mí, tenía todo lo que me podría apasionar como hombre y no me refiero a culos y tetas, sino más bien a que realmente supiera leer, no como nos enseñan en la escuela, sino como aprendes con el paso del tiempo.

Escribía sobre ella y para ella, y ni si quiera lo sabía, cada noche subía al techo de mi casa para poder apreciar mejor a la luna, como si ella me dijera cientos de palabras que decirle a mi amada.

La luna de ayer era hermosa, pero yo no te dedicaría una sola luna, yo te dedicaría cada noche y cada amanecer de mi existencia

Lo escribí en un pequeño papel con mi nombre como firma, lo doble en ocho partes y guarde en el bolsillo de mi chamarra de mezclilla; al llegar a la escuela busque a la hermosa mujer dispuesto a preguntar su nombre y si le gustaría salir conmigo, pero no la encontré.

Al día siguiente volví a buscarla, pero nuevamente no tuve resultado alguno y no sabía a quién preguntar por ella, porque nunca supe quiénes eran sus amigos ni en que aula iba, parecía un fantasma.

Pasaron dos años y medio, estaba a punto de salir de salir de la prepa, cuando un amigo de otro grupo se acercó y me entrego una pequeña carta que decía:

Hola…

Soy la chica que golpeaste apropósito en el pasillo, al chocar contigo sentí como si mi mundo hubiese colapsado y vuelto a nacer, pude notar que me seguías, pero no sabías nada de mí; tal vez pude ser el amor de tu vida, pero ahora fue tarde, me marché a Guadalajara, porque estaba harta de esa vida ahí, te espere por 24 días, tu pudiste ser la causa de que permaneciera en ese lugar, pero ahora fue tarde

Pd: he pedido que se te entregue esta carta días antes que termines la preparatoria, para que des cuenta, que, el tiempo, solo es un pequeño y patético instan te en nuestras retorcidas y amorosas vidas

Firma: Fernanda Cabrera

Fotografía por: Giorgibel

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