Dra åt helvete

9 noviembre, 2020

Lucas Nilsson aguarda impacientemente a que sean las 20 para poder salir de la oficina y volver a su casa a seguir estando deprimido pero en otra parte en la que al menos no se sienta espantosamente inadecuado y aciago, sus manos están transpiradas y el olor a café casi constante lo ha estado asfixiando desde hace algunas horas. En la distancia media ve una figura de perdición mas bien simbolica, era su jefe, solo pasaba a saludar y ver que todo estuviera en orden.
Lucas contuvo las inmensas ganas de llorar que lo acosaban vehementemente durante sus horas de trabajo desde hace algunos meses y se recompuso brevemente para entregar su mejor actuación de un empleado perfectamente funcional y parcialmente eficaz.
«Hey, quizás esta noche podamos dar vuelta la suerte contra Malmö» le dijo un sonriente Lucas a su atento jefe, a lo que el hombre contestó con otra sonrisa: «Lo dudo seriamente joven Nilsson, no mientras los del Malmö tengan a Toivonen y nosotros a la peor defensa de la historia del futbol. Como sea, nos vemos mañana, no olvides el reporte mensual de importaciones»
-«Está bien, nos vemos mañana» finalizo Lucas.
Afuera en la ciudad fría y nevada había gente a montones regresando a sus hogares, humanos en su habitat natural.
Mientras Lucas observaba todo el movimiento desde la ventana del ascensor que lo llevaría al primer piso, hacia sus primeros pasos de vuelta casa luego de un largo día, recordaba con horror que su internacion en el hospicio de Gotheborg debido a su depresión había sido atrozmente larga aunque en realidad solo fue un mes, al menos le sirvió para recordar lo mucho que necesitaba a otras personas en su vida.
Su temporada extendida de tristeza le entrego la respuesta a la pregunta ingenua de si realmente nos necesitamos tanto los unos a los otros para existir.
Se quitó el saco para subir a su auto, una vez en el procedió a manejar con lentitud, al igual que todos los días al volver del trabajo observaba todo a su alrededor, había estado solo durante tanto tiempo que se había entrenado a si mismo para encontrar amor en donde sea y en lo que sea, de lo contrario su día no habría valido la pena y hasta le resultaría dificil conciliar el sueño. Gracias a esto Lucas pudo encontrar el amor en muchas cosas, pequeños actos de amabilidad, sonrisas espontaneas, el calor de una pequeña tienda luego de haber caminado sobre las veredas frías y congeladas para llegar hasta allí, una madre sosteniendo la mano de su niño.
El maullido de su gata al entrar a casa detuvo su estado de trance romántico con la vida, tenia hambre.
Luego de servirle la comida a su gata, ese breve estado de ánimo se disipó, entró al baño y advirtió que tenía más canas que hace algunos meses, se sintió preocupado y no por las canas sino porque la presencia de ellas le hacía pensar en la vejez. Se sentó a ver tele para distraerse un poco de si mismo pero eso no siempre es posible, podemos huir de muchas cosas pero huir de nosotros mismos es algo más complicado.
Y allí, sentado frente al televisor, Lucas se dió cuenta así, de repente, que su mejor amigo y su respectiva novia solo lo invitaban a lugares porque les daba pena encontrarlo solo en diferentes ámbitos como aquella vergonzosa ocasión en la que se lo cruzaron llorando en el pasillo de verduras del hipermercado Hemköp. Lucas pidió disculpas pero su amigo le contesto que estaba bien, que en estos tiempos no hay casi nada indigno en que la dignidad sea un bien prescindible.
A veces le gustaría poner sus emociones a dormir, como un perro viejo y enfermo que ya cumplió su propósito. No sentir, no tener miedo a nada, esas cosas se habían vuelto anhelos para Lucas, aunque en los últimos días había empezado a sentir que no estaba viviendo con su depresión sino a pesar de ella y que buscar compañia era inútil si desde un principio no podía acompañarse a si mismo.
Tomó un sorbo de la botella de cerveza que tenia en la mano, miro a su gata, ella le devolvió la mirada y entrecerró sus pequeños ojos y luego de un momento Lucas le dijo «Lamento haberte dejado hace unos meses con la abuela Betty, como habrás notado, no estoy calificado para cuidarme a mi mismo o algo así, tengo problemas, no me juzgues. Aunque se que no lo haces.»
Mientras pensaba en lo raro que era conversar con su gata, sonó el celular, era un mensaje de su mejor amigo, preguntándole si el Viernes quería ir al cine con el y su novia.
Lucas titubeo en responder, se puso algo nervioso y comenzó a mover su pierna frenéticamente, se distrajo y recordó que debía limpiar el departamento ya que estaba bastante sucio y desordenado.
volvió al motivo de sus nervios y respondió: «Dra åt helvete».*1

*1-Dra åt helvete:vete a la mierda en sueco.

Fotografía por: Giorgibel

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