Días torpes

Te escribo hoy que necesito hacerlo, no cuando te vi la primera de muchas veces sentada en el frío césped de enero.
Ni cuando entendí que mi mente se había convertido ya en tu lugar favorito del mundo, donde te diviertes y cantas, lees en voz baja tus libros de poesía, tomas fotografías e inventas palabras.
Te escribo una tarde de domingo, cuando nadie recibe cartas, pues sé que así no llegarás a conocer esto.
Te escribo si la luz de las cinco y mi ánimo de gritarte todo se reencuentran como viejos amigos.
En días hábiles soy lo que se supone debo ser, del tiempo apenas soy consiente y si te busco con la mirada, es para detenerlo. Esa es mi dosis diaria de ti, chocando en silencio contigo, sin lograr sonreír cuando menos.
En días torpes debo soportar el constante ruido que mis ideas hacen por no llevarse bien unas con otras. Ojalá estuvieras cerca para hacerlas vivir en la paz que me das a mí.
Quisiera que existiese una palabra que resumiera todo esto, pero hasta que la inventen tendré que conformarme con nuestro primer hola.

Fotografía por Patrick Liebach

 

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