Désolé

1. ¿Cuál es tu palabra favorita?: Désolé.

2. ¿Qué soñaste anoche? Si no te acuerdas, relata algún sueño reciente del que te acuerdes.: Todo sucedía en una de las galerías cercanas a la Rue de Seine, dónde se exhibían obras de Lubna Agha. Allí dentro, mientras bebíamos vino y comíamos camarones, charlábamos escuetamente Lucía Narvarte, Picasso y yo. La conversación rondaba entre que sí el grafiti era arte o mera vacuidad, si acaso requería de mayor oficio o que si en la antigüedad había una actividad más o menos similar. Picasso aseveraba que todo grafitero debía, por lo menos una vez, pintar sobre un lienzo para revelar su certeza. Yo le decía que la esencia de todo artista urbano radicaba en su soledad, en la marginación que lo absorbe, en la necesidad de gritar que ahí está. Por supuesto, aquello llevó a una discusión ferviente, cuya energía capturó la atención de los visitantes. Iba yo a responderle a Picasso, con un francés apenas fluido, cuando Lucía Narvarte intervino con un «chale, corazón, ni en sueños te puedes callar».

3. ¿Cuál es la película que más te ha hecho reír?: Diecisiete, de Daniel Sánchez Arévalo.

4. ¿Qué canción te gustaría que pusieran en tu funeral?: Under the Westway, de Blur. Cada que imagino esa escena, en la que algunos lloran y otros recuerdan, suena esa canción, seguida de Phoner to Arizona, de Gorillaz.

5. ¿Cuál es tu definición de «arte»?: No creo que pueda existir una definición. Me desencantaría que la hubiera. Considero que perdemos tiempo buscando una respuesta concreta. ¿Que es arte? ¿Que es amor? ¿Que es arquitectura? ¿Que es Dios? Hay preguntas ante las que uno simplemente debería contenerse, aceptarse ignorante y darse la vuelta. Porque es en la medida en que uno siente las cosas, las esencias, en que se refleja en ellas, se pierde por ellas, vuela con ellas, cuando esas verdades llegan y se descubren, se hacen tangibles. Soy incapaz de decir que es arte, como digo, pero reconozco cuando algo excede mi naturaleza de hombre y me hace creer momentáneamente que lo puedo saber.

6. ¿Cuál sería tu proyecto o colaboración ideal?: Mi proyecto en realidad ideal es aquel en dónde nos encontramos, dónde hallamos secretos o transgredimos la verdad, es dónde, al pensar en voz alta, ayudamos a otros a descubrir su lenguaje, a develar las preguntas, aún cuando estas colaboraciones no resulten del todo favorables. Para mi, lo ideal es aquello que refleja tanto como proyecta o perturba, aquello que coadyuva con el tiempo a desdoblar nuestra propia identidad. Ahora, que sí hablamos de sueños… bah, lo dejaré para otra ocasión.

7. ¿Cuál es el mejor consejo que alguien te ha dado?: «Si no sabes que hacer, haz un collage».

8. Si pudieras cambiar algo del mundo, ¿qué cambiarías?: Creo que la pregunta debería estar formulada en presente: ¿que estás cambiando, que estamos cambiando? Aceptar que tenemos ese poder de transformación. Debemos dejar de pensar en los cambios como algo que se articula sólo como una remota posibilidad o cómo algo ajeno a nosotros. Debemos, creo, cavilar en que las utopías pueden lograrse en la medida en que luchemos y entendamos que ese futuro, que usualmente imaginamos, se construye desde hoy.

9. Un pingüino entra a tu cuarto con un sombrero puesto. ¿Qué es lo primero que te dice y por qué está en tu cuarto?: El pingüino entra, cauto pero borracho.
—¡Ikeoner, el automóvil no arranca!
—Pero nosotros no tenemos carro.
—Ah, cierto.

10. Describe (en 100 palabras máximo) a qué te dedicas.: Me gusta pensar que me dedico a la construcción de narrativas, al desarrollo de ideas y proyectos que posibiliten la consolidación de una ciudad plural, accesible, compacta y dinámica. Pero, la verdad es que eso no es cierto. Tan sólo soy yo un taciturno hombrecillo que no sabe que hacer con su tiempo.

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