Dem

Todo lo que pasé con ella
fue como si lo estuviera leyendo en algún libro que compras en el centro,
de esos de hojas amarillas que truenan cuando pasas de página
y que la portada se abraza muy sutilmente a las páginas.

Pero fue también como acostarse en la cama boca abajo a leer un libro,
mientras el momento se vuelve rosa brillante.

Fue como aquel smothie de plátano que es muy muy cremoso pero no es tan dulce,
que puedes probar y sabe a fresa en los labios.

Que es tan delicioso que debes comerlo en secreto.

Un día,
de los hermosos días de mayo con sus soles
y el calor incluso en la noche,
nos vimos en la cima del cielo.

Tomados de la mano en la calle más transitada de la ciudad,
escondidos de aquellos que no pecan,
a la vista de cualquiera.

Si lees ésto,
te juro que quise detenerlo,
que incluso no quise empezar lo nuestro,
pero después de la negación me descubrí deseándote cada instante más y más.

A tu cuerpo grande, fuerte y alto,
a tus manos suaves y a tu boca peligrosa que podía hablarme en mil idiomas.

A veces no duermo pensando en cómo será el infierno.

Fotografía por Richard P J Lambert

Soy el azul

Todos los días hay ideas sueltas en mi cabeza esperando las conexiones mágicas que hacen artista al escritor. Trato de amarrarlas, no quiero dejarlas ir. Pero las ideas vuelan a otra dimensión, las personas se van, las palabras no se quedan marcadas en ningún lugar. Soy alérgica a mi fruta favorita, como si yo misma me propusiera para el sacrificio, como si quisiera matarme para obtener placer, como si necesitara del desamor para escribir mejor. Escribo con la esperanza de que un día vuelva, con la disciplina de un gato. Escribo por si nunca vuelve, y sin querer que me lea.

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