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12 noviembre, 2020

Ojalá escribir fuera fácil,
nunca llega la inspiración a la alcoba.
Siempre tiene uno que detenerse, atisbarse,
pararse en ese techo de diáfano y cruel borde,
bajar la mirada a donde hay polvo
y allí sentir que el destino lo carcome.

Lo carcome, en realidad, desconocer aquel filo
que es tan vago como agónico.
La tarea del escritor es dolorosa,
sobre todo cuando está estoico ante la nada,
pensando si dar un paso hacia su muerte,
o retroceder, quizás, y contar sólo su vértigo,
o esconder bajo la alfombra su memoria.

Fotografía por Juan Camillo Garza

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