¿Cómo sucede el despojo? Caso del Bosque en Arboledas Sur

15 junio, 2018

Viviendo en un país tan polarizado como México, muchas veces entra la pregunta de por qué existe gente viviendo en pobreza extrema que comparte territorio nacional con uno de los hombres más ricos del mundo. Pensando de manera más específica en un lugar como la zona metropolitana de Guadalajara, ¿por qué las partes céntricas de la ciudad son de las clases altas y entre más a la periferia están las colonias, más violentas las calles y en peores condiciones están casas?

El famoso fenómeno de la gentrificación o del blanqueamiento por despojo se trata justamente de sacar a las y los habitantes de sus colonias y llenarlas de nuevos inquilinos de clases sociales más altas, pero es de esperar que este proceso no ocurra de la noche a la mañana ni de manera explícitamente agresiva. Lentamente, con sutilezas políticas, económicas y sociales, las zonas se vacían, suben las rentas por medio de construcciones que dan plusvalía a la colonia y llega la clase social que puede pagar esos nuevos costos.

Para ilustrar este fenómeno no se me ocurre mejor ejemplo que el del Bosque en Arboledas Sur, cerca de la colonia del Sauz. A pocas cuadras del periférico, la colonia que vio crecer al bosque está llena de inseguridad, tráfico, pandillas, etc. Al pie del cerro del cuatro y a unas pocas cuadras del tren ligero, esta colonia había sido conocida por ser una zona roja de la ciudad por varios años.

Las y los vecinos del bosque se dedicaron a plantar, cuidar, regar y limpiarlo, creando un sentido de comunidad por medio de la naturaleza verdaderamente envidiable. A diferencia de las zonas llenas de fraccionamientos en la ciudad, las personas que viven aquí se conocen entre ellas, pues tienen un proyecto en común: no dejarlo morir.

Ahora bien, si esta colonia tiene un sentido de comunidad tan fuerte, ¿cómo podrían despojarlos?

Para empezar, la violencia en la zona no es ninguna casualidad. Nadie puede vivir tranquilo sabiendo que el crimen organizado habita la casa de al lado. Las personas que han vivido ahí por generaciones dejan el nido familiar para poder cuidar a sus hijos, buscando así otra renta que puedan pagar – probablemente todavía más al margen de la ciudad. –

El problema de la inseguridad no es ningún secreto, la asociación de vecinos ha reportado y pedido a las autoridades vigilancia, pero si algo es seguro sobre la policía de este país es que no representan ningún sentido de seguridad. Las mismas personas que asaltan son las que detienen los asaltos, así que no queda de otra más que moverse a un lugar menos peligroso.

Otra manera de hacer inhabitable Arboledas Sur es mandando a empresas privadas a tirar su basura en franjas naturales del Bosque que los mismos vecinos hicieron. Una vez más, la asociación de vecinos pidió a las autoridades que mandaran equipos públicos de limpieza, ¡pero si son ellos mismos los que ensucian¡ Las autoridades han permitido que uno de los pulmones más importantes de la ciudad se vuelva un basurero con tal de sacar a las familias que han vivido ahí desde siempre, ¿pero de qué le sirve ésto al gobierno?

Este mes comenzaron las construcciones dentro del bosque, excusándose por medio la necesidad de pavimentar para volver la zona recreativa más inclusiva. La constructora de la familia Errejón Alfaro -así es, la constructora del presidente de Guadalajara- se dedican a destruir el bosque. Tala de árboles, impedimento de absorción del agua por medio del pavimento, todo tipo de ecocidio que dé valor a la zona.

No es lo mismo vivir por el cerro que vivir por un parque público hermoso y gigante, las rentas van a subir y los Alfaro lo saben. Una vez que la colonia sea cara y valiosa, entonces vale la pena hacer departamentos para las clases sociales más altas que les interese vivir ahí.

Desde la violencia extrema hasta el ecocidio, todo con planes de plusvalía y despojo. ¿A dónde se va a ir la gente que vive el día de hoy en Arboledas Sur? Más a la periferia, hasta que ahí también se vuelva una zona de interés para la clase alta.

A pesar de que ya existe un amparo sobre el bosque, los proyectos de construcción siguen el día de hoy. Se está comenzando a instalar tubería, romper el suelo, debilitar las raíces de los árboles para que se caigan solos y no se les tache de ecocidas. La comunidad vecinal protesta, se aferra a su territorio como es debido. Saben que es la guerra por habitar, o pelean hoy o se mudan mañana.

Fotografía: Bernardo Aldana