Chaya (Gabriel Amador no. 1)

30 noviembre, 2020

Aún miro la ventisca entrar por la ventana,
correr por los grises muros del cielo.
Hay una madera quemada allí en medio,
en cuyo olor caen solemnes los sueños de todos.

    • (Siguen sin pasar los sonidos, ni el tiempo,

 

    • porque una sonrisa detuvo las maquinas.

 

    • Hay escondida en la noche una llamarada cortada,

 

    que nos cobija, tú ves, toda vez que nos sonríe desde lejos).

Miro la tarde pasear en los párpados,
como si dibujara con su tacto una carta.
Hay allí poemas escritos, con marcas de agua,
en cuyo aroma todavía nos protegemos de la fama.

    • (Siguen brotando las luces del suelo.

 

    • Una llamada fue hecha a Saturno.

 

    • Hay escondida una manta en el río,

 

    misma que nos lleva, tú ves, a dónde no llega el viento).

Sigo mirando la puerta invisible,
quizás debido al acoso del insomnio.
Me resguardo en la comisura de lo triste.
Casi como si hubiera una flor que me encontrase.

    • (Siguen y siguen pausándose los pulsos

 

    • de un ecosistema que viaja sin prisa.

 

    • Hay en su ritmo una noticia, casi prismática,

 

    • como el eco que mezcla lo surreal

 

    • con unos dulces tonos de guitarra

 

    que atisban y brillan).

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