Casa y manto (Abel Ibáñez no. 1)

[Se escriben tres soles mientras viaja un extraño.
Se mira en las olas, llora en silencio.
No sabe aún que sus manos, que tocan el cielo,
también a nuestras dudas llena de luces
y de una mañana que podría ser salida,
o que bien, quizás, podrían ser esa melodía
que suena en las nubes
y que se aventura en el tiempo].

Aquel hombre camina entretanto,
sin querer, o queriendo, pero canta a los mares.
Va leyendo una frontera que lentamente se expande,
hasta llegar a unas voces, cual efímeros trazos,
que se dibujan en el paisaje
con unos tan sutiles lagos
donde se hunden los arrebatos
y emergen los accidentales encuentros
de dos sosos recuerdos,
quienes una vez fueron niños,
confinados en un lienzo que era casa y manto.

Fotografía por callaveron

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