Cara y cruz* (Lucia Narvarte no. 1)

9 noviembre, 2020

[Cara]

Quisiera, corazón, sepultar tu voz en una herida transparente,
quemar, con pausas, el mausoleo de tus ciudades pasajeras.
He ido de mar en mar buscando una puerta hacia mi mismo.
Y sólo he encontrado, con pena, un mapa que va a ninguna parte.

No quiero llorar al pensarte o al mirarte.
Habitas en un bucle horizontal que tristemente todos miran.
Quizás no recuerdes lo roto de este pérfido paisaje, querida mía,
ni sientas ese fuego que una vez adorno nuestros espejos taciturnos.

Has quebrado, corazón, sin querer, una melodía secreta, viva.
En tu afán de perseguir el amor, ya te digo, has matado el silencio;
y, sin embargo, estás aquí, cantándole a Saturno con tu diáfana ternura
con que abrazas esa suerte, casi vaga, donde se recluyen todos los infiernos.

[Cruz]

Quisiera, corazón, viajar a esa avenida dónde me recuesto a esperarte.
De paso, desaparecer por fin de toda fama, de todo encierro, de todo sueño.
Tú no sabes cuantas veces caí al abismo cuando volaba con tus miedos.
Mucho menos recordarás, aunque te diga, como te desdibujaba entre desvelos.

No quiero deambular en la memoria o en el deseo.
Somos dos hilos que se encuentran en la fugacidad de una ventisca.
Quisiera, corazón, mostrarte el museo donde se ocultan las disidencias del océano.
Y así esfumarme, confundirme con un ladrillo escueto que no es casa.

(Has sido lugar y libro, cuarto cauto dónde por primera vez me sentí a salvo.
Quisiera, corazón, hacer surcos al mediodía de tu laberinto y de tu tiempo.
Quizás recuerdes, entonces, la promesa con que cimentamos este lazo,
y entiendas porque me despido desde el campo con los ojos inundados,
llenos de un ardor que convierte en pintura a mi ignorancia).

(Has sido techo, manto y lago, cielo que corre por el aire buscando sombras blancas
que zurcen, con sus historias y fantasmas, sus marcas más dramáticas y duras.
Somos dos silos de concreto, por donde los años suceden con incorpórea nostalgia.
No sólo cargamos heridas en nuestras manos de polvo, querida mía.
También somos lágrimas que todavía no caen por nuestros pómulos).

*La primera parte del poema fue escrita en 2018, mientras que la segunda fue realizada en 2020.

Fotografía por: Giorgibel

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