cap. in omnia paratus-

Ya no puedo regresar a ti, todos esos instantes se vuelven materia de reuso para la memoria y los sentidos auto viven de detalles, el mismo instante se auto recuerda sin el apego verdadero. Aun así, hay algo dentro de mí que confía plenamente y te guarda como la mayor abstracción de imperfecciones donde radica el arte; como los dedos rotos de una escultura, ahora son más tributo por lo sucedido que por la imperfección de la ruptura.

Temo decirte que desde ahora cualquier declaración de mí hacia ti, siempre tendrá un toque muy incómodo, es el mismo precio que se paga por entregar el alma una vez.  Quiero comenzar, recordándote la vez que nos permitimos quitarnos las dudas, tu forma de ser tan decadente e irónica me hizo querer preguntarte la vida, y tu decidiste cuestionar toda mi filosofía porque algo querías dentro de ella, queríamos contenernos en todas las partes.

Estábamos en este tiempo y ese mundo tan emocional, donde naturalizamos evadir todo con lexapro o amnesia inducida, pero algo de mi quería tomarte sin excesos ni realidades evadidas. Algo irónico de esto, es que siempre has tratando de huir de aquí y has buscando refugiarte dentro de ese cuerpo cobarde, te inventas supuestos de vida porque has encontrado cierta comodidad en la mentira, noche tras noche, tu conciencia se ha vuelto un purgatorio.

Me convertirse en un artefacto de experiencias, un poema insustancial, me diste una lista que cumpliera, me decías que eras la mejor opción para esto y que tenías experiencia en la materia, porque tu orgullo se puso a contar todos tus modos de enamorarte y las veces que por tus mitos, promesas y verdades a medias murieron todos esos amores pasajeros. Llegaste conmigo proclamándote la mejor pintura de Rembrandt, y yo solo no entendía nada de lo que decías, no quería una decoración, no quería lo mejor, inclusive ni te esperaba, pero fui cortés y te di la bienvenida al infierno.

Hay algo de ti que siempre busca más, anhelas con el mañana, otra vida, siempre quieres otros momentos. La mayor parte de tú rebelión reside en lo absurdo, la misma carne que siente que la vida debería de ser justa, cuando deberías de rechazarlo todo y entender que no es así. He testificado en tus mentiras, sabiendo que no es para siempre, le he apostado a lo inexistente, a las peores verdades porque quieres que todo sobreviva, te he dicho que sí a todos tus discursos a favor del destino. Descubrí que tu nombre es la pauta perfecta y perpetua para olvidarse de la existencia misma, pero sé que es una mentira creer en esto.

Hay algo dentro de tu forma de maldecir que se convierte en una forma divina, como si señalaras a todos culpables y los dejaras en plena duda de sus actos, haces hincapié en esos detalles de la tierra que la gente ha olvidado. Dentro de la naturaleza misma de tu forma de ser, se encuentra la eterna paradoja, donde nada es perfecto, nada es permanente, jamás nada está completo.

Por otra parte, mi gran respeto a ti es que aceptas la vida misma con imperfecciones y pacíficamente, quieres todo para ti de manera serena, de lo contrario, desechas lo que no desarrolla tu ego. Por mi parte, descubrí que la misma decadencia es inmanente a la vida, creo en la moderación como modo de supervivencia, y que dentro de todo esto mi actitud decidió ser la más silenciosa y prudente por ahora, parte de esto me llevó a lo esencial, a verte como si fueras una parte que me faltaba.

Perdón porque sea muy tarde para decirte esto y ya no exista en tu vida, pero estuviste mintiendo e intentando en algo en lo que no creías. La mejor manera en la que contribuiste para arreglar esto -fue huyendo de todo como siempre- con tus malas interpretaciones de los mitos y viviendo como si tuvieras la mejor moral, con todos los sí y no en la mano. Aprendí a sostener todas las noches sin ti, me saltaba la hora del té porque me prometí no volver a decir tu nombre con nadie, quería que este funeral fuera real.

Te imagino levantándote, desayunando y leyendo las noticias como de costumbre, planeando el paso siguiente de todo, entreteniéndote con la vida de otros, buscando con que llenar ese vacío que tienes ¿En qué momento te inspiras en decirle esas mentiras a la gente? ¿Qué las hace crecer? ¿Qué las hace sentirse reales para ti? Quiero decirte que ese fue veneno para mí. Cuando tú lo planeabas en las mañanas de tus días, que decirme por el resto del día que me hiciera seguir contigo, yo solo sabía que eras la parte que me faltaba y que no sabía qué hacer con eso.

Desde todas las partes literarias supe que eras mi inevitable y trágico destino, poderme consumir poco a poco en todo lo que necesitabas fue autodestructivo, tu no querías esa parte de mi delicadeza por ver las cosas ni mi retórica y menos la poesía para entender mis confesiones, hiciste de mis lagunas mentales varios oasis, dejé de pensar tanto, de pervertir los sentimientos. Tu pasión por entender a Borges te llevó a convencerme de buscar lo absoluto en lo momentáneo, a creerte todo dentro de la misma sátira.

Mentalmente estabas en el repudio existencial de las convenciones sociales que te decían que hacer y sentir, tu intento por prevalecer y todas esas cosas que te hacían sentir inservible las retaste, aprendiste a darle otro sentido que te acomodara. En todas tus relaciones, encontraste la manera de convencer a las personas que estuvieran contigo, la manera de como veías al mundo se convirtió en lo más puro y lo más dañino al mismo tiempo, te supiste los atajos del laberinto y me convenciste de amarte.

A pesar de todo eso, quiero agradecértelo. Siempre estuve en la posición de que si alguien lastima nuestros sentimientos, estos siempre estuvieron en disposición de la otra parte y frente a la oportunidad de destruirse. Aunque realmente no, después de esto y todo este tiempo, entendí que solo era indulgencia a nuestro narcisismo, ese ego que nos llevó a la peor de las distancias y a reclamarnos tonterías.

Fotografía por (aiche)

Rose Cst.
Autor

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