<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Santiago Pérez Maldonado, autor en ERRR MAGAZINE</title>
	<atom:link href="https://errr-magazine.com/author/syosantiago/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://errr-magazine.com/author/syosantiago/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Thu, 02 Apr 2026 18:12:53 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://errr-magazine.com/wp-content/uploads/2024/11/cropped-image0-32x32.jpeg</url>
	<title>Santiago Pérez Maldonado, autor en ERRR MAGAZINE</title>
	<link>https://errr-magazine.com/author/syosantiago/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">83915525</site>	<item>
		<title>Café-ando</title>
		<link>https://errr-magazine.com/cafe-ando/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Santiago Pérez Maldonado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 18:03:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://errr-magazine.com/?p=203500</guid>

					<description><![CDATA[<p>Comencé mi recorrido por los sitios de siempre, observando con más atención a fin de no perderme nada, confiando en que mi memoria resistiera mejor que la de mi padre al paso del tiempo. Volver, después de años, inevitablemente despierta nostalgia y la duda silenciosa de si uno tomó la decisión correcta al marcharse.</p>
<p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/cafe-ando/">Café-ando</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Mientras más grande es el espacio, más fácil es perder tus cosas</em>, suele decir mi padre. Y cuánta razón tiene, piénsalo. ¿Cuántas veces te has sentido extraviado entre las interminables opciones de las plataformas de streaming, perdido entre miles de listas de reproducción? Esa misma sensación de&nbsp; perderse aparece en los centros comerciales con estacionamientos inmensos, en los aeropuertos abarrotados de salas, entradas y salidas o incluso en ciudades que, aunque pequeñas en territorio, se sienten tan enormes que te parece imposible coincidir con alguien a quien extrañas.</p>



<p>Siempre he preferido los lugares íntimos. Tal vez por influencia de mi papá, que repetía que las cosas valiosas se cuidan y, cuando por fin las encuentras, hay que conservarlas.</p>



<p>Hace unas semanas regresé a la ciudad y volví a sentirme perdido. Y eso que Cuernavaca no es precisamente una metrópoli, pero ha cambiado tanto que cuesta reconocerla. Lo bueno sigue ahí, pero ya no aparece tan rápido.</p>



<p>Comencé mi recorrido por los sitios de siempre, observando con más atención a fin de no perderme nada, confiando en que mi memoria resistiera mejor que la de mi padre al paso del tiempo. Volver, después de años, inevitablemente despierta nostalgia y la duda silenciosa de si uno tomó la decisión correcta al marcharse.</p>



<p>Mientras caminaba, el aire frío rozaba mis mejillas. Un viento leve movía las pocas hojas verdes que aún resistían, desprendiendo las secas como quien se sacude una pelusa; así caían, ligeras. Entonces lo encontré: el rincón perfecto. Árboles altos, un jardín vivo, un pequeño arroyo, perros paseando felices junto a sus dueños y, a solo unos pasos, arte: murales imponentes.</p>



<p>Mi padre solía traerme aquí. Comíamos en ese jardín, jugábamos, y él me contaba historias sobre el significado de aquellos murales. En aquel entonces le creía todo; sus relatos me inspiraron, me empujaron a irme porque la ciudad comenzaba a quedarme pequeña. Ahora sé que muchas de sus interpretaciones eran suyas y nada más, pero eso ya no importa.</p>



<p>Fue entonces cuando un aroma nuevo —y a la vez familiar— capturó mi atención. Café.</p>



<p>Mi primera reacción fue contraria: ¿cómo es que estos emprendedores capitalistas invaden una atmósfera tan perfecta? Pero el olor, la calidez del día y el encanto del lugar me vencieron. No pude resistirme a lo desconocido: <strong><a href="https://www.instagram.com/gramo.cafe/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Gramo Café</a></strong>.</p>



<p>Era un espacio pequeño y acogedor, con grandes ventanales, plantas, luz natural… y, sobre todo, un café extraordinario. Me senté dispuesto a encontrar algún defecto que me justificara salir, pero antes de lograrlo se acercó una joven sonriente. Me recomendó un café tostado especialmente para ellos, originario de Xico, Veracruz, y sugirió acompañarlo con un hojaldre de guayaba. No pudo haber acertado mejor.</p>



<p>Gramo estaba vivo: gente conversando, otros trabajando, algunos —como yo— simplemente observando. No pude evitar preguntarme qué era lo que atraía a todas esas personas. ¿Quién tuvo la idea de abrir una cafetería en un sitio como este? ¿Y cómo funciona un negocio así en una ciudad donde todo parece ir deprisa?</p>



<p>Mientras reflexionaba y disfrutaba el aroma de mi taza, la música comenzó a dominar mis sentidos: sonaba <strong><a href="https://open.spotify.com/track/3tJjZMHLqhD8DaGgdBICnc?si=c4bec710e1fb4856" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Saturn</em>, de Sleeping at Last</a></strong>. La piel se me erizó. Volví la mirada hacia afuera, hacia los murales de Siqueiros, y di otro sorbo a mi café. Sin darme cuenta, estaba sonriendo.</p>



<p>Estoy en casa. Estoy en mi ciudad. No estoy perdido. Regresé.</p>



<p>Y aunque papá ya no está, lo encontré aquí.</p>



<p>Gracias, Gramo Café.</p>



<p><strong>Fotografía por <a href="https://www.instagram.com/theutopianx" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Noé Contreras</a> // Revelada en <a href="https://www.instagram.com/utopianfilmlab.mx/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Utopian Film Lab</a></strong></p>
<div class="saboxplugin-wrap" itemtype="http://schema.org/Person" itemscope itemprop="author"><div class="saboxplugin-tab"><div class="saboxplugin-gravatar"><img decoding="async" src="https://errr-magazine.com/wp-content/uploads/2026/04/292866658_136664725422435_5373182270866056368_n.jpg" width="100"  height="100" alt="" itemprop="image"></div><div class="saboxplugin-authorname"><a href="https://errr-magazine.com/author/syosantiago/" class="vcard author" rel="author"><span class="fn">Santiago Pérez Maldonado</span></a></div><div class="saboxplugin-desc"><div itemprop="description"><p>Soy un observador que escribe, un soñador que escribe, un crítico que escribe, un desempleado que escribe. Y sobre todo soy alguien que cuando no sabe que decir, escribe.</p>
</div></div><div class="saboxplugin-web "><a href="https://www.instagram.com/chagomex" target="_blank" >www.instagram.com/chagomex</a></div><div class="clearfix"></div></div></div><p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/cafe-ando/">Café-ando</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">203500</post-id>	</item>
	</channel>
</rss>
