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	<title>MAL, autor en ERRR MAGAZINE</title>
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	<title>MAL, autor en ERRR MAGAZINE</title>
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		<title>A propósito de un croissant</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MAL]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2023 03:47:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Writing]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>1.</p>
<p>Como vegana una de las cosas que más extraño pero he decidido dejar de comer es el pain au chocolat y los croissants hechos con mucha y buena mantequilla. No me mal interpreten, no soy una de esos “veganos” que solo come plantas por salud o por el medio ambiente y no toma en cuenta el sufrimiento ni el holocausto animal. Sé que la mantequilla, como la leche, es de los productos más terroríficos y crueles que hay en este momento de la humanidad debido a su forma de producción inhumana que inflige excesivo e innecesario sufrimiento a millones de animales cada día. </p>
<p>Pero los croissants…</p>
<p>Muy de vez en cuando me doy el lujo de comerme uno de estos panes crueles y vanidosos: cuando hay opciones veganas como en Le pain quotidien en el aeropuerto o en Ciudad de México, o cuando la vida es tan cruel que un croissant repleto de mantequilla (o sea crueldad y sufrimiento) se convierte en un gesto reconfortante. </p>
<p>Hoy fue uno de esos días. Me levanté junto a un hombre que me negó públicamente, rechazando bailar conmigo y comportándose distante durante nuestra primera salida pública en pareja. No sólo eso, también era la última noche que pasaríamos juntos en la misma ciudad, la última noche antes de que él se mudara. </p>
<p>Hablamos, sí. No fue su intención, sí. Cogimos, sí. ¿Pan? Sí. </p>
<p>Nos dispusimos a cambiarnos, me prestó un pants para no tener que ponerme el mismo vestido y tacones de la noche anterior y nos subimos al carro. Yo no sentía nada. Ni frío ni tristeza ni las piedras bajo mis pies descalzos ni el sol en mi cara ni su mano en mi pierna.</p>
<p>Dos chai: leche de soya y leche de avena. Y el pain au chocolat.  </p>
<p>Nos despedimos al terminar nuestros tés y respectivos panes. Él pidió una galette de manzana y se fue a Aguascalientes; yo me quedé en Tijuana y sentí las capas vanidosas de la masa perfecta y esponjosa, el sabor egoísta de la mantequilla, el crujiente exterior y el chocolate por dentro. </p>
<p>2.</p>
<p>Mi relación con los croissants es muy problemática. Son símbolo de rechazo y despedida, de hambre y muerte. Y no sólo por el sufrimiento animal implicado en la elaboración de tan vanidoso, egoísta e indulgente pan, sino también porque ha sido causa de un episodio desafortunado en mi juventud.</p>
<p>A mis 23 fui a visitar a mi padre a París. Todo el viaje sentí desatenciones, tensiones, y hambre. Un día, mareada mientras esperábamos el metro, le pregunté si me podía comprar un croissant. Yo tenía dinero, yo podía comprarlo pero quería y necesitaba que él me lo diera.</p>
<p>Me dijo que no y todo se tornó negro. Lo siguiente que recuerdo es a su esposa, a mi hermana y a una señora desconocida jalándome de las axilas para subirme de nuevo al pasillo. Me lancé a las vías del tren. Nunca volvimos a hablar del tema. Los croissants son mi pan favorito.</p>
<div class="saboxplugin-wrap" itemtype="http://schema.org/Person" itemscope itemprop="author"><div class="saboxplugin-tab"><div class="saboxplugin-gravatar"><img alt='MAL' src='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=100&#038;d=identicon&#038;r=g' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=200&#038;d=identicon&#038;r=g 2x' class='avatar avatar-100 photo' height='100' width='100' itemprop="image"/></div><div class="saboxplugin-authorname"><a href="https://errr-magazine.com/author/marceealarcoon/" class="vcard author" rel="author"><span class="fn">MAL</span></a></div><div class="saboxplugin-desc"><div itemprop="description"><p>Trabajé algunos años en centros de rehabilitación para adicciones y un centro tantológico. Vi a muchos morir y a otros vivir con la voluntad y el sentido perdidos. Sentí que no estaba hecha para decirle a nadie cómo vivir o cómo morir mejor. Renuncié para ser guía de museo y dedicarme a pintar. Hoy pinto (a veces) y hago quesos veganos.</p>
</div></div><div class="saboxplugin-web "><a href="https://www.instagram.com/mmmmmmarcela/" target="_blank" >www.instagram.com/mmmmmmarcela/</a></div><div class="clearfix"></div></div></div><p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/a-proposito-de-un-croissant/">A propósito de un croissant</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
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		<title>Un dátil al día</title>
		<link>https://errr-magazine.com/un-datil-al-dia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MAL]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2023 03:46:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Writing]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuántos bocados de melancolía puedes comer? Mi abuela, mujer firme, impecable —más sobria que un águila— vivió comiendo sólo un dátil al día durante tres años. La recuerdo casi esquelética, con su cabello color lila y medias moradas que —a pesar de ser de talla casi infantil— sus piernas delgadísimas no las alcanzaban a llenar [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuántos bocados de melancolía puedes comer?</p>
<p>Mi abuela, mujer firme, impecable —más sobria que un águila— vivió comiendo sólo un dátil al día durante tres años.</p>
<p>La recuerdo casi esquelética, con su cabello color lila y medias moradas que —a pesar de ser de talla casi infantil— sus piernas delgadísimas no las alcanzaban a llenar y dejaban colgijos de tela caer desde los muslos hasta los tobillos. Horrible. Eso decía mi papá.</p>
<p>Con zapatos verdes de tacón modesto y lentes oscuros, bailaba jazz y cantaba boleros sin dejar nunca, nunca, su copa u vaso &lt;&lt;old fashion&gt;&gt;. Tomaba zambuca negro con moscas de café, una bebida de anís que, según ella, le aliviaba sus cólicos y sus “dolores de mujer”. Como yo era una niña y no una mujer aún, usualmente me daba Baileys o rompope para acompañarla.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Todos en la familia dicen que siempre fue un desmadre pero para mí fue la única con un poco de sentido común.</p>
<p>Yo solía jugar ajedrez con ella después de comer la sopa enlatada de pollo con arroz con la que me alimentó el año entero que viví con ella. Sin excepciones.</p>
<p>No recuerdo haberla escuchado hablar mucho y es que ella actuaba más de lo que apalabraba. El lenguaje no le alcanzaba y su mundo interno rebasaba todo vocabulario; supongo que por eso no le valía la pena intentar comunicarse.</p>
<p>La última vez que habló más que un &lt;&lt;sí&gt;&gt;, &lt;&lt;no&gt;&gt; o &lt;&lt;ajá&gt;&gt; fue una mañana después de bañarse tres veces.</p>
<p>Con su cabello blanquizco con restos del tinte color lila, mojado y peinado exhaustivamente hacia atrás y la cara más pulcra que le vi puesta dijo:<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>—<i>Pa’ tras ni pa’garrar viada<span class="Apple-converted-space"> </span></i></p>
<p>La frase era como un mantra familiar. De hecho, fue la única vez en su vida que estuvo de acuerdo con algo de lo que decía su familia —mi familia— y eso la llevó a la muerte.</p>
<p>Pronunció esa frase —la última— y dejó de comer.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Tal era su abstinencia que la llevaron con varios doctores hasta que uno, muy considerado, dijo que ella podía sobrevivir ingiriendo un dátil al día.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>— Es un bocado suficientemente nutritivo —dijo — uno al día será suficiente.</p>
<p>Una vez que dejó de comer (con permiso de su doctor) y de beber, yo dejé de vivir con ella y me alejé de la sopa enlatada y el rompope.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Todos los domingos acompañaba a mi padre a darle una caja de dátiles a mi abuela.</p>
<p>Su casa estaba repleta de ellos. En la cocina, por el techo, en el suelo, escondidos en las macetas…Había de todo tipo. Frescos, con chocolate, grandes, pequeños, deshidratados…¡era un manjar! —¿cuántos bocados puedes comer?, me preguntaba…</p>
<p>Los dátiles era un buen detalle, pero aquellos bocados nunca se acabaron.</p>
<div class="saboxplugin-wrap" itemtype="http://schema.org/Person" itemscope itemprop="author"><div class="saboxplugin-tab"><div class="saboxplugin-gravatar"><img alt='MAL' src='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=100&#038;d=identicon&#038;r=g' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=200&#038;d=identicon&#038;r=g 2x' class='avatar avatar-100 photo' height='100' width='100' itemprop="image"/></div><div class="saboxplugin-authorname"><a href="https://errr-magazine.com/author/marceealarcoon/" class="vcard author" rel="author"><span class="fn">MAL</span></a></div><div class="saboxplugin-desc"><div itemprop="description"><p>Trabajé algunos años en centros de rehabilitación para adicciones y un centro tantológico. Vi a muchos morir y a otros vivir con la voluntad y el sentido perdidos. Sentí que no estaba hecha para decirle a nadie cómo vivir o cómo morir mejor. Renuncié para ser guía de museo y dedicarme a pintar. Hoy pinto (a veces) y hago quesos veganos.</p>
</div></div><div class="saboxplugin-web "><a href="https://www.instagram.com/mmmmmmarcela/" target="_blank" >www.instagram.com/mmmmmmarcela/</a></div><div class="clearfix"></div></div></div><p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/un-datil-al-dia/">Un dátil al día</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
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		<title>Cena para dos y no solo dos</title>
		<link>https://errr-magazine.com/cena-para-dos-y-no-solo-dos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MAL]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2023 03:46:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Writing]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> ¿Para cuántas personas? Para tres. Éramos dos pero él comía por uno más. Un hombre con buen buen apetito o de buen comer siempre me es atractivo. Recuerdo la primera vez que salimos. Nos quedamos dormidos en una fiesta. No cogimos. Yo quería. Él estaba recién circuncidado. ¿Qué tipo de hombre se hace la circuncisión [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p> ¿Para cuántas personas? Para tres. Éramos dos pero él comía por uno más. Un hombre con buen buen apetito o de buen comer siempre me es atractivo. Recuerdo la primera vez que salimos. Nos quedamos dormidos en una fiesta. No cogimos. Yo quería. Él estaba recién circuncidado. ¿Qué tipo de hombre se hace la circuncisión a los 35 y, aún cuando tiene las heridas y los puntos frescos de la reciente operación, invita a alguien a salir? Bueno, él. No importa. A la mañana siguiente, muy temprano, le dije que había que irnos, quería evitar despedirme de los que seguían borrachos. Mientras nos espabilamos rápidamente acomodándonos la ropa y el cabello alborotado por haber dormido aplastados uno contra el otro al ras de un sillón, Marcos &#8211; ese era su nombre &#8211; sneaked out of the room y, moviéndose sigilosa pero juguetonamente a través del patio para encontrar el recipiente donde quedaba el último brownie de la fiesta, lo tomó. Aún recuerdo su mirada traviesa alcanzando la mía y su sonrisa juguetona mordiendo el brownie mientras se apresuraba a la puerta. Me enamoré. Creo. Al menos me gustó. Me dejó esperando. Después de todo era un hombre con apetito, un hombre deseante.</p>
<p>Él comía por dos así que yo cocinaba para tres. También porque muchas veces un tercero fantasmal nos acompañaba a comer. Muchas veces su ex. Otras tantas el mío. Porción para tres. </p>
<p>Pasteldetofuespinacasenhojaldrequichesveganosloafsdelegumbrestortitasdelentejassopascrem<br />
asyquesosveganostartasdefrutapaysdecalabazaypudinesdesemillasybuddhabowlsysalteadosori<br />
entalesypastafrescaycacerolasygratinesveganosypizzasypanesycaldosytacosyhongosytostadas<br />
ytodo para tres.</p>
<p>Estar con Marcos era estar en extremos (¿o estar conmigo lo era?). Podía sentirme la más afortunada, apoyada, segura y querida del mundo y de pronto sentirme sola, asustada y presionada por ser alguien que no era. Él viajaba mucho, yo un poco, también.<br />
Había semanas sin vernos ni hablarnos, otras viviendo prácticamente juntos saltando de mi departamento al suyo. No había estabilidad. Y cuando parecíamos encontrarla, se desvanecía. </p>
<p>Las veces que la estabilidad nos encontraba y ni él ni yo no estábamos fuera de la ciudad o de nosotros mismos, yo podía cocinar. Era una forma de sentirme normal. Una forma de hacer hogar. Una casa. Y cocinaba como loca. Como diciendo “come come come, ¿por qué no estás comiendo, no me quieres?”. Y a él le encantaba. Comía por dos. </p>
<p>Para mí ese tiempo significó pasar de puta a mujer de casa. Niña bien, pues. De hacer trabajo sexual a hacer trabajo doméstico. Y la verdad que lo disfrutaba. Alimentar, nutrir, transformar los ingredientes, experimentar algunas recetas nuevas, compartir intimidad en la mesa al final del día, salir a buscar frutas, verduras, legumbres, especias, granos, nueces, semillas…conocer sus gustos, compartir los míos. Creatividad. Transformación. Entrega.</p>
<p>Pero un día cocinó él. Pozole verde. ¿Porción? para dos personas. Subí una foto del pozole a mis redes sociales y mi ex reaccionó con un “me entristece”. Como diciendo me entristece ver que cocinas para alguien más. Me entristece que alguien más te prepare comida y te de algo bueno. El fantasma estaba rondando la casa y no le contesté. Sin importancia.<br />
Pero para Marcos no fue así: él cocinó para DOS y ahora debía haber espacio en la mesa solo para DOS. Parecía olvidar que él solía traer a un(a) tercero(a) muy seguido a cenar. Pareció olvidar cómo yo lo aceptaba, pues sabía que era un fantasma, rondando, sí, pero ya muerto.</p>
<p>A Marcos no le pareció la reacción de aquel otro fantasmal. Un like. Un me entristece. Y alegando que eso significaba que yo mantenía “un contacto” con mi ex, mientras los celos se lo comían, me terminó. Sutil y elegantemente retiró su plato. </p>
<p>Es cierto que una relación es de dos, y no solo dos. Nunca fuimos solo dos, aunque al final él lo pretendiera. Hoy estoy sola en la mesa. Hice una sopa. Matzo balls. Se deshicieron. Sigo estudiando recetas y cocinando. Y aunque casi no como por la tristeza, tengo la fortuna de poder vender o compartir algunas de mis creaciones culinarias. </p>
<p>Debo decir que a veces hay días buenos en los que cocino para mí y soy capaz de ingerir algún tipo de alimento que no sea café o fruta.</p>
<p>.                  jugos                                                                .<br />
.                                                                pudines</p>
<p>                  .                                                   salteados y<br />
.      sopas                                                               .</p>
<p>      .        como hoy                                       .</p>
<p>Una sola porción.</p>
<div class="saboxplugin-wrap" itemtype="http://schema.org/Person" itemscope itemprop="author"><div class="saboxplugin-tab"><div class="saboxplugin-gravatar"><img alt='MAL' src='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=100&#038;d=identicon&#038;r=g' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=200&#038;d=identicon&#038;r=g 2x' class='avatar avatar-100 photo' height='100' width='100' itemprop="image"/></div><div class="saboxplugin-authorname"><a href="https://errr-magazine.com/author/marceealarcoon/" class="vcard author" rel="author"><span class="fn">MAL</span></a></div><div class="saboxplugin-desc"><div itemprop="description"><p>Trabajé algunos años en centros de rehabilitación para adicciones y un centro tantológico. Vi a muchos morir y a otros vivir con la voluntad y el sentido perdidos. Sentí que no estaba hecha para decirle a nadie cómo vivir o cómo morir mejor. Renuncié para ser guía de museo y dedicarme a pintar. Hoy pinto (a veces) y hago quesos veganos.</p>
</div></div><div class="saboxplugin-web "><a href="https://www.instagram.com/mmmmmmarcela/" target="_blank" >www.instagram.com/mmmmmmarcela/</a></div><div class="clearfix"></div></div></div><p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/cena-para-dos-y-no-solo-dos/">Cena para dos y no solo dos</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
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		<title>La tía sin nombre</title>
		<link>https://errr-magazine.com/la-tia-sin-nombre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MAL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Dec 2020 11:03:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Writing]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tuve una tía de apellido Cardoso. Su nombre no lo sé, creo que no tenía. Todos se referían a ella como &#8220;la tía Cardoso&#8221;, incluso los que no eran sus sobrinos. En la familia nadie recuerda su nombre, sólo su apellido porque era diferente. Con ella la progenie Cardoso se extinguió y la familia siguió [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Tuve una tía de apellido Cardoso. Su nombre no lo sé, creo que no tenía. Todos se referían a ella como &#8220;la tía Cardoso&#8221;, incluso los que no eran sus sobrinos. En la familia nadie recuerda su nombre, sólo su apellido porque era diferente. Con ella la progenie Cardoso se extinguió y la familia siguió siendo exclusivamente Alarcón.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">La tía no tuvo hijos, tampoco fue de su interés ningún hombre o alguna mujer. Vivió sola hasta su ultimo día y trabajó hasta aquel ultimo día sin excepción también. ¿Su trabajo? Tampoco se sabe con exactitud. Dicen que laboró en el gobierno y el arte por mucho tiempo. Le gustaban los imposibles o las ilusiones tal vez.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Muchas cosas de ella no se saben, yo sólo una cosa sé: una historia, el único registro que ella nos permitió tener.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">La tía Cardoso, por alguna razón que muy claramente debió de haber pensado en su momento pero que nosotros desconocemos hasta el día de hoy, se mudó de la Ciudad de México (entonces Distrito Federal) a un pequeño pueblito en Apasco, pero con equis. Bastante impredecible para una chilanga, debo decir.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Nadie supo que se mudó hasta que un día llegó de Apaxco a visitar a mi abuela. —Ya vine de Apasco con equis—dijo. </span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Cada tantos meses la tía viajaba a la capital, atendía asuntos de cualquiera que fuese su trabajo, visitaba a mi abuela en su casa, a la virgen en la basílica y a sus miedos en la funeraria. Y es que sin excepción alguna y con una obsesión impulsada por el horror al vacío, cada vez que visitaba el Distrito Federal (ahora Ciudad de México), la tía Cardoso compraba un ataúd. En ocasiones compraba más de uno pues era su prioridad tener al menos dos ataúdes en Apaxco. </span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Los compraba, los mandaba al norte y —al regresar a casa— los metía debajo de su cama. Así dormía todas las noches y el día que alguien moría en el pueblo de Apaxco, <i>“la tía Cardoso”</i> donaba el ataúd.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">“La gente se muere mucho”, debió de haber pensado. Y así era.<br />
Así es. </span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Aunque nadie sabía su nombre, la tía Cardoso se hizo uno a través de los muertos y todos la ubicaban por sus generosas y excéntricas donaciones.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">Un día, la tía —ya de edad avanzada— atrapada por su obstinación, su independencia y su autonomía femenina, subió a la azotea de su casa en Apaxco. Tratando de arreglar una antena de televisión, se cayó. O se tiró al abismo (eso tampoco se sabe).</span></p>
<p class="p1" style="text-align: left;"><span class="s1">La tía Cardoso murió ese día junto con aquel apellido y sin ningún nombre. Aunque el nombre no era lo único que le faltaba: aquel día también le faltó el ataúd, no había<span class="Apple-converted-space"> </span>ya ninguno bajo su cama.</span></p>
<p>Fotografía por <a href="https://www.flickr.com/photos/texturaobscura/">Luis Torres</a></p>
<div class="saboxplugin-wrap" itemtype="http://schema.org/Person" itemscope itemprop="author"><div class="saboxplugin-tab"><div class="saboxplugin-gravatar"><img alt='MAL' src='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=100&#038;d=identicon&#038;r=g' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/f74a45260211a9a86a0480202d65b6d4f85e66cd4721c6094d34f71cb730c1c1?s=200&#038;d=identicon&#038;r=g 2x' class='avatar avatar-100 photo' height='100' width='100' itemprop="image"/></div><div class="saboxplugin-authorname"><a href="https://errr-magazine.com/author/marceealarcoon/" class="vcard author" rel="author"><span class="fn">MAL</span></a></div><div class="saboxplugin-desc"><div itemprop="description"><p>Trabajé algunos años en centros de rehabilitación para adicciones y un centro tantológico. Vi a muchos morir y a otros vivir con la voluntad y el sentido perdidos. Sentí que no estaba hecha para decirle a nadie cómo vivir o cómo morir mejor. Renuncié para ser guía de museo y dedicarme a pintar. Hoy pinto (a veces) y hago quesos veganos.</p>
</div></div><div class="saboxplugin-web "><a href="https://www.instagram.com/mmmmmmarcela/" target="_blank" >www.instagram.com/mmmmmmarcela/</a></div><div class="clearfix"></div></div></div><p>La entrada <a href="https://errr-magazine.com/la-tia-sin-nombre/">La tía sin nombre</a> se publicó primero en <a href="https://errr-magazine.com">ERRR MAGAZINE</a>.</p>
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