AMOR DE MI VIDA

«Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras».

William Shakespeare.

Y no, tú no serás el amor de mi vida.

Dicen que esos amores llegan de golpe, inesperados y que te hacen vibrar; joder, eso es solo romanticismo.

Tu llegada jamás la imagine, me hiciste sentir algo asquerosamente delicioso, creía no querer el reconocimiento de nadie, me basta el mío, decía yo.

Me distorsionas de mi centro, y no porque tenga vacíos existenciales, sino porque eres fuego, maldad, ego, tus ganas de darle fin a la vida de otro ser como simple placer; todo ese lado obscuro que reconozco en mi, y que al escucharte decirlo me vuelvo cautiva de tu ser.

Quiero dominarte. Con tanto éxtasis lo pronuncias que me eriza todo.

Me atrapas sin que lo sepas, porque mi defensa siempre será no mostrar un poco de placer aunque por dentro esté que me quemo.

Te haré explotar y al mismo tiempo seré yo quien explote.

Tú no serás el amor de mi vida.

Me lo repito mientras mi inconsciente pide de ti. De tu atención. De tus frases sexuales con tono de niña que me hacen venir.

No quiero perderme, no por ti, no por nadie.

Legaste y me hiciste vibrar.

Joder, eso suena tan romántico que me doy asco.

No quiero quererte aunque ya lo estoy haciendo. Joder.

Me limitas y me expandes, me limito y me expando.

Los temas que hablas conmigo, esos que tienes como rutina al conocer a alguien, esos que por pura pinche monotonía los expresas.

Tú no serás el amor de mi vida.

Tu lejanía que se siente a milímetros y tu cercanía que se siente a kilómetros.

La inseguridad y seguridad que me provocas al mismo tiempo, es un equilibrio tan absurdo que me asusta, me gusta, me abasta.

Fotografía por Martin Canova