Alta resolución

I’ve been drawn into your magnetar pit trap

I wish I could eat your cancer when you turn black

Nirvana – Heart Shaped Box

 Los comediantes habían empezado a repetir el mismo material una y otra vez. Kat vivía las primeras horas de su ciclo menstrual, su estado de ánimo no admitía rutinas carentes de espíritu.

En momentos así, solo se pueden cambiar los canales.

—Vaya mierda de edición —digo.

—¿Qué pasa?

—Las voces no coinciden con los gestos, ¿lo puedes ver?, parece que las palabras salen de otra parte.

—Parecen estreñidos —dice—, ¿ponemos los documentales de simios que te gustan?

—Y pensar que el estado pone plata para sostener estos canales de mierda…

—Sí, pero respóndeme…

—Ponlo, me gusta ver cómo se sacan las pulgas, a veces corretean y se lanzan fruta.

—Bueno, pero ven pues.

Kat era agradable, sus acercamientos afectivos respondían a un mero capricho, ambos lo sabíamos bien. Era un pacto superficial. Ninguno de los dos se tomaba demasiado en serio: Tú me das yo te doy, se que te aburrirás de mí cuando yo empiece a agarrarte un cariño que pueda parecer auténtico, ese es el juego, sin reglamento y sin nadie que llegue para atender las lesiones que seguramente tendrás. Sabes jugar rudo, brindas tu tacto suave y espacioso como una dosis inyectada en el tedio, las horas en las que tienes la guardia baja. Juegas al sabor de tus caprichos, como la ciruela más ácida en mi boca, tu sabor es deleite y atadura.

Luego vomitaré tu recuerdo en cualquier rincón.

—¿En qué piensas, cariño?

—Estoy deprimido, Kat, lo siento.

—Problemas con tu familia…

—Lo de siempre, la mierda de siempre.

La rabia nos hace cortos de pensamiento, ¿cuántas veces le habré restado importancia al mundo escudándome en la simpleza de una palabra?

Mierda, mierda, mierda…

—Quizás deberías hablar con tu madre —parece dudar un poco—, ¡ellos tienen que entenderte!

—No tiene caso insistir, tendría más sentido discutir con una estatua.

—Es que a veces eres tan cerrado.

—Sí, —extiendo mi brazo para acercarla a mí— pero así me quieres, y este momento es lo único que importa.

La buena compañía no nos blinda en contra del aburrimiento.

—¿Quieres que te la chupe?

Estoy en un apartamento caro y estrecho. Cambio el canal y un documental sobre extraterrestres me roba la atención, la risa. Hay charlatanes en todos lados, pienso, una mente frágil ya habría sucumbido a la confusión de tanta pseudociencia bien publicitada. Kat me la chupa con esmero, con amor, ¿por qué mi tristeza es tan terca? Su boca hace hervir mi sangre, un calambre azul eriza todos mis vellos. Sus cabellos dorados cosquillean mis rodillas, suben y bajan, se enredan como mensajeros de su dedicación.

¿Con cuántos otros habrás practicado antes, cariño?, tengo suerte, no cabe la menor duda, la casualidad nos ha juntado y nos ha llevado a esto. Somos un curioso juguete del destino, la programación estelar en el programa de nuestro pequeño absurdo. Intentas subir mi ánimo, y yo he obtenido lo mejor de ti, quizás sin merecerlo.

Chupa nena, chupa hasta que sacies tu morbo, hasta que me extraigas el alma, hasta que el exterior tenga mejores oportunidades para nosotros. Chupa hasta que los malditos programas estatales tengan franjas en alta resolución.

Llevaré algunos cabellos tuyos en mi pecho, ahora son mi patrimonio, mi programación para la noche que me espera.

Cristian Felipe Leyva Meneses

Cristian Felipe Leyva Meneses (Armenia, Quindío, Colombia, 1997) Músico, Poeta accidental y Escritor. Participó en dos antologías de microrelato, Porciones del Alma IV (2018) y Academia para escritores II (2019), y en una antología de poesía: Poetas Nocturnos V (2019).Ocupó el segundo lugar en el V concurso departamental de cuento Humberto Jaramillo Ángel, ha sido colaborador en varias revistas literarias, entre ellas destaca Revista Telescopio, Revista extrañas noches literatura visceral, Seatle Escribe, ERRR Magazine y Lo innombrable. Es asiduo difusor literario, y, eventualmente, organizador de conciertos y recitales.

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