Al otro día era una mejor persona

Me salió un barro tornasol en la mejilla, pienso que fue la cotidiana dosis de pizza de microondas, fruta, Red Bull, mezcal, perico y mariguana. Quién sabe.

Al siguiente día, el absceso se transformó en un increíble capullo multicolor. Casi me desmayo. Entendí de inmediato que un ser vivo dependía de mí y corregí la “dieta” hasta su metamorfosis.

Tres meses después, mi cachete comenzó a temblar: necesitaba nacer en un ambiente natural. Acudí al jardín público más cercano; me recosté al pie de un árbol, respiré profundamente y se abrió de mi carne como un pistache de arcoíris que procreó una mariposa. Ahí sí me desmayé.

Sus pasitos de puntos por toda la cara me despertaron risueño; decidió quedarse un rato en mi boca desplegando sus nuevas alas de ojos coloridos para reconocerse. Me silenciaba su presencia.

Una mano del viento incitó su vuelo, abandonó mis labios para perderse entre flores. Me brotaron algunas lágrimas que desprendieron las cáscaras de una vida anterior.

Fotografía por asketoner

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No se han encontrado entradas.