Ahora veo el mundo de otro color

5 febrero, 2019

Atrapado sin salida en un mundo de color gris, insípido como el amor que me entregabas cuando retorcías la boca los domingos que íbamos a la iglesia. La gente estaba limpia, con dinero en sus bolsillos y pocas preocupaciones en su cabeza. Con los hijos en una escuela bilingüe y yo muriendo de hambre. Conocer el color de la belleza es lo que necesito para entender el amor y la incomodidad que trae a las personas.

Era del color de la sangre, sangre de color rojo derramada por nosotros y nuestros antepasados para el perdón de los pecados. El mundo que observo no es del color de esa sangre, es más bien de un verde bizarro que no está en la gama de colores. La luna brillaba de color rojo sobre el cielo la noche que nos volvimos a encontrar. Los lugares tienen un sabor y un olor especial, una colonia que me gustaría deletrear junto con el aroma de tu piel que me abre los ojos y me hace sentir feliz por momentos.

Cada momento que vivo trata de enseñarme algo que no conozco, algo que me devuelva el sentido de mi vida fuera de esta charada de ropa elegante y palabras superfluas. La adicción a lo desconocido, al sentimiento de estar feliz con las drogas. Cuatro paredes hacen que pierdas la inspiración en cualquier momento, que tu mente se concentre en la pantalla frente a ti y en mantener tu circulación vascular.

Me encuentro contigo, nos miramos, caminamos por nuestros lugares preferidos y todo esto es un invento más para aceptarme como soy, para sentirme amado por alguien que no me conoce del todo y no quiere hacerlo. Hago una referencia a una idea sin chiste una estupidez, el hecho de que volvamos a ser amigos, a comprender lo que decimos y cómo lo decimos. El parque nos habla y nos cuenta sus historias de amor y desamor, sus momentos dolidos, tus momentos dolidos, mis momentos dolidos.

Ahora me encuentro en el treceavo piso de una oficina en la que no me importa realmente lo que hacen y espero que a ti tampoco. Camino hacia la ventana y observó los edificios a lo lejos, ellos se convierten en monstruos que me persiguen en mis pesadillas, monstruos como la soledad y la depresión. La depresión de realmente estar solo en el mundo, de no tener a alguien que te quiera o alguien que te escuche. Hablo sobre el dinero que no tengo y las amistades que he perdido, siempre tratando de encontrar un nuevo aprendizaje sobre las situaciones, sobre lo que no dicen las personas.

El mundo cierra sus puertas nuevamente, me hace sentir como un forastero dentro de la misma ciudad en la que vivo; la gente no confía en mi trabajo ni en mi palabra, me percato de esto y no me importa lo que piensen de mí, pero muy en el fondo yo sé que sí y me seguirá importando mientras continúe vivo y siga respirando. Creo que he encontrado la solución.

Fotografía: the mirror closes the universe

por

Parecemos nubes que se las lleva el viento, cuando hay huracanes, cuando hay mal de amores...